
Durante 2025, uno de los temas que causaron mayor controversia fue la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales en México.
La actualización al marco regulatorio no responde únicamente a una tendencia internacional que ya ha sido adoptada por diversos países (incluidos algunos de América Latina como Colombia y Chile), sino que representa un cambio legislativo de gran calado.
Esta modificación se perfila como una de las reformas laborales más relevantes de los últimos años, con un impacto potencial en alrededor de 30 millones de trabajadores.
De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), el universo laboral de personas que laboran más de 40 horas semanales equivale al 73% del total de trabajadores subordinados en el país.
Desde una perspectiva legal, la reforma demanda ajustes sustanciales en los contratos de trabajo, las políticas internas y los acuerdos vigentes sobre condiciones de empleo. Asimismo, será necesario revisar y adecuar la Ley Federal del Trabajo para reflejar el nuevo límite de horas permitidas, pasando de 48 a 40 horas semanales.
El impacto en las empresas
La reducción de la jornada marcará un punto de inflexión en la operación corporativa. Para las grandes compañías, la transición hacia un nuevo esquema implicará inversiones en la reorganización de procesos, contratación de personal adicional y ajustes en los mecanismos de productividad.
Por otra parte, para las pequeñas y medianas empresas (PyMEs) el reto podría ser mayor. Sus márgenes operativos, generalmente más estrechos, hacen que cualquier aumento en los costos tenga un efecto inmediato.
Según el plan de implementación propuesto por el Gobierno de México, a través de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), la disminución será gradual y se aplicará en cinco etapas.
El límite de 48 horas semanales se mantendrá hasta 2026; posteriormente, se reducirá a 46 horas en 2027, a 44 en 2028 y a 42 en 2029, hasta llegar finalmente a las 40 horas semanales en 2030.
Menor tiempo, ¿más empleo?
La reducción de tiempo podría traducirse en elevar la plantilla de personal, al obligar a las empresas a cubrir con nuevos empleados las horas que antes eran asumidas por una cantidad de colaboradores más reducida.
Este ajuste, previsto como uno de los principales efectos de la reforma, plantea un reacomodo en la dinámica laboral de distintos sectores. Sin embargo, el impacto no sería igual para las diferentes industrias.
Para las organizaciones con márgenes de ganancia limitados, los costos de nómina podrían representar un desafío significativo. Ante este escenario, algunas compañías optarían por acelerar procesos de automatización o recurrir a la subcontratación de servicios.
Desde la perspectiva empresarial, la reducción de la jornada exige ajustes legales, operativos y financieros; es decir, requiere replantear modelos de trabajo y estructuras de gastos para mantener competitividad.
No obstante, el cambio también inaugura oportunidades, pues horarios más flexibles pueden derivar en altos niveles de satisfacción entre los trabajadores, mayor productividad y un ambiente laboral más equilibrado.
Bienestar, salud mental y creatividad
El Top Employers Institute ha identificado que las organizaciones con estrategias formales de bienestar suelen integrar la flexibilidad laboral, el respeto al tiempo personal y el cuidado de la salud mental como ejes transversales de su gestión de personas.
En ese sentido, la reforma puede actuar como catalizador para que las áreas de Recursos Humanos (RRHH) fortalezcan programas de apoyo psicológico, políticas de desconexión digital y esquemas que respondan a las nuevas expectativas del talento.
Asimismo, el bienestar ya no se limita a iniciativas aisladas. Los datos del instituto muestran que las compañías con mejores prácticas entienden el equilibrio vida–trabajo como un componente del modelo de liderazgo, de la planeación del desempeño y de la administración del cambio.
Otro beneficio será el impulso a la creatividad. Cuando los colaboradores disponen de un balance en sus actividades, su capacidad de concentración y de generar ideas nuevas se potencia significativamente.
Bajo este enfoque, la reducción de la jornada contribuirá a construir entornos laborales más saludables y resilientes. Es decir, debe verse como una inversión estratégica que invite a repensar la forma en que se mide la productividad y se promueve el desarrollo integral de las personas, a fin de consolidar empresas más humanas y sostenibles.
Top Employers Institute no toma posición sobre marcos regulatorios o reformas legislativas específicas. Su rol es analizar, a partir de datos y buenas prácticas, cómo las organizaciones pueden adaptarse a los cambios del entorno y fortalecer sus estrategias de gestión de personas.***
Cortesía de El Economista
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