Revelan una epidemia silenciosa en Jerusalén bíblica analizando sedimentos de antiguas letrinas reales

Cuando pensamos en las grandes ciudades del pasado, como Jerusalén en la Edad del Hierro, solemos imaginarlas desde sus templos, murallas o manuscritos. Sin embargo, a veces las pistas más reveladoras sobre la vida cotidiana —y también sobre la salud pública— se encuentran bajo tierra, en lugares poco glamurosos: los antiguos retretes. Un nuevo estudio científico ha analizado los restos de sedimentos hallados en dos letrinas reales del siglo VII a. C. y ha descubierto la presencia de un patógeno intestinal altamente contagioso: Giardia duodenalis. Esta evidencia microbiológica permite reescribir parte de la historia de la salud en la Jerusalén bíblica.

El artículo, publicado en la revista Parasitology por un equipo interdisciplinario encabezado por Piers D. Mitchell, presenta la primera confirmación directa de infecciones por Giardia en el antiguo Cercano Oriente. Este protozoo, conocido por causar giardiasis —una enfermedad con síntomas como diarrea, malabsorción y debilidad—, fue detectado en restos orgánicos fosilizados de dos letrinas excavadas en Jerusalén. Según los autores, esto sugiere que esta infección era endémica en la región siglos antes del dominio romano, y que pudo haber tenido consecuencias graves para la población de la época.

Arqueología y paleoparasitología: una alianza reveladora

El análisis se basó en muestras extraídas de dos inodoros de piedra situados en contextos residenciales de élite: uno en Armon ha-Natziv y otro en la conocida Casa de Ahiel, dentro del área de la Ciudad de David. Ambos sitios se datan entre el siglo VII y principios del VI a. C., es decir, justo antes de la destrucción de Jerusalén por parte del ejército de Babilonia en el año 586 a. C.

Estos retretes conservaban restos orgánicos en sus fosas, conocidos como sedimentos de letrina, los cuales habían sido previamente estudiados mediante microscopía, revelando la presencia de huevos de parásitos intestinales como tricocéfalos (Trichuris trichiura), lombrices (Ascaris lumbricoides) y tenias. Sin embargo, los protozoos como Giardia no pueden detectarse fácilmente con métodos ópticos tradicionales debido a la fragilidad de sus quistes. Para superarlo, los autores aplicaron un método más sensible: pruebas ELISA (ensayo inmunoenzimático), diseñadas para identificar antígenos específicos de protozoos patógenos.

El resultado fue claro. Las pruebas repetidas dieron positivo para Giardia duodenalis en ambas letrinas. Según el estudio, “esto proporciona nuestra primera evidencia microbiológica de enfermedades diarreicas infecciosas que habrían afectado a las poblaciones del antiguo Cercano Oriente”.

Giardia duodenalis. Fuente: Wikipedia

¿Cómo sabemos que los resultados son fiables?

Detectar un patógeno en sedimentos de hace más de 2.500 años puede parecer una tarea difícil de verificar, pero el estudio fue especialmente riguroso. Se utilizaron kits comerciales de alta precisión, con sensibilidad del 97% y especificidad del 100% según estudios previos. Además, se repitieron los análisis tres veces a lo largo de un año, con distintas submuestras.

Los resultados fueron consistentes: todas las muestras del retrete de Armon ha-Natziv dieron positivo en los ocho pozos analizados en cada ronda. En el caso del retrete de la Casa de Ahiel, al menos dos pozos resultaron positivos en cada repetición, con picos de hasta seis pozos. Para descartar contaminaciones, los investigadores dejaron columnas vacías entre muestras en las placas de ensayo y observaron que las zonas intermedias no dieron señales positivas, reforzando así la validez del hallazgo .

No solo es relevante el hallazgo en sí, sino también su contexto arqueológico. Las letrinas estaban asociadas a estructuras bien datadas y se encontraron en su lugar original, no reubicadas, lo que descarta muchas fuentes de contaminación postexcavación.

Mapa con la localización de las letrinas analizadas en Jerusalén: Armon ha-Natziv y la Casa de Ahiel. Fuente: Parasitology

Una ciudad vulnerable a las enfermedades infecciosas

En el siglo VII a. C., Jerusalén era una ciudad con una población estimada entre 8.000 y 25.000 habitantes. A pesar de ser un centro político y religioso relevante, la infraestructura de saneamiento era limitada. Las letrinas con fosa eran construcciones escasas y en general reservadas a las élites. No existía una red de alcantarillado y el conocimiento sobre la transmisión de enfermedades infecciosas era inexistente.

Esto, sumado a la alta densidad de población y a la presencia masiva de moscas —especialmente Musca domestica, reconocida por su capacidad para transmitir patógenos entéricos—, creaba un ambiente propicio para la propagación de infecciones intestinales. Tal como señala el estudio, “la limitada tecnología sanitaria, la escasez de agua dulce durante gran parte del año y la falta de conocimiento sobre microorganismos facilitaron la propagación de enfermedades”.

Los textos médicos de la antigua Mesopotamia ya hablaban de síntomas compatibles con enfermedades como la giardiasis, usando el término sà si-sá para referirse a la diarrea. Aunque no se puede asegurar que estos textos describan específicamente esta infección, el nuevo hallazgo aporta evidencia tangible que respalda esa posibilidad.

Asientos de piedra de los retretes del siglo VII a. C. encontrados en Jerusalén. Fuente: Parasitology

¿Qué es la giardiasis y cómo afectaba a la población?

La giardiasis es una enfermedad causada por el protozoo Giardia duodenalis, que se transmite principalmente a través del agua o alimentos contaminados con heces. En el intestino delgado, los trofozoítos del parásito se adhieren al epitelio, causando inflamación y daño a las vellosidades intestinales. Aunque algunas infecciones son asintomáticas, muchas personas sufren síntomas como diarrea crónica, malabsorción, cólicos y pérdida de peso.

En niños, las consecuencias pueden ser más graves. La infección prolongada puede provocar desnutrición, retraso en el crecimiento y dificultades cognitivas. Según el estudio, “la mayoría de los que mueren por Giardia son niños, y la infección crónica en este grupo puede conducir al fracaso en el desarrollo físico e intelectual”.

Aunque las élites tenían acceso a letrinas, no estaban exentas del contagio, lo que sugiere que la infección afectaba a todos los estratos sociales. Su carácter endémico en Jerusalén implica que era una enfermedad habitual, probablemente tolerada como parte del día a día sin conocer sus verdaderas causas.

Un parásito con historia evolutiva compartida

Uno de los aspectos más interesantes del artículo es la reflexión sobre los orígenes evolutivos de Giardia duodenalis. Si bien este parásito ya había sido identificado en restos humanos de época romana y medieval, nunca se había documentado tan atrás en el tiempo. El hallazgo en Jerusalén lo convierte en el registro más antiguo de Giardia en cualquier población humana conocida.

Esto plantea preguntas sobre la historia biogeográfica del parásito. Aunque el ser humano evolucionó en África oriental, Giardia no ha sido detectado aún en muestras arqueológicas africanas. Sin embargo, sí ha sido observado en poblaciones actuales de primates salvajes como gorilas, chimpancés y monos colobos. Esto sugiere que Giardia podría ser un parásito “heredado” que acompañó a los humanos desde sus orígenes, extendiéndose globalmente con las migraciones.

El estudio indica que futuras investigaciones con métodos como ELISA o análisis moleculares en regiones africanas podrían arrojar más luz sobre este vínculo evolutivo entre el parásito y la humanidad.

Referencias

  • Mitchell PD, Wang T, Billig Y, Gadot Y, Warnock P, Langgut D (2023). Giardia duodenalis and dysentery in Iron Age Jerusalem (7th–6th century BCE). Parasitology, 150, 693–699. https://doi.org/10.1017/S0031182023000410.

Cortesía de Muy Interesante



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