
La llamada de ayer en la mañana entre la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump duró 15 minutos. Ella la describió como buena y amable, con temas previsibles: seguridad, reducción del tráfico de drogas, comercio e inversión.
Su versión presenta un escenario de normalidad, pero el problema es que Trump ha dicho muchas veces que “los cárteles están manejando a México” y ha sugerido que Estados Unidos podría atacar por tierra objetivos en territorio mexicano.
Según lo que dijo la presidenta, Trump volvió a ofrecer ayuda militar contra los cárteles, la cual ella rechazó como lo ha hecho siempre: coordinación sí, intervención no; soberanía e integridad territorial como límite. Esa es su versión y, por ahora, la única de lo hablado en esa llamada. Porque, hasta el momento de escribir esta columna, Trump no había mencionado la llamada ni en Truth Social ni en público.
Así, mientras en México la llamada se presentaba como un intercambio cordial, en Truth Social Trump no hacía la menor mención de ella. En cambio, se presentaba como el presidente en funciones de Venezuela y advertía que EU entraría en una crisis económica si la Suprema Corte de su país declarara ilegales los cobros derivados de sus aranceles. Según él, habría que devolver montos enormes, lo que generaría un desorden financiero y político. Ese mensaje muestra la lógica con la que gobierna: todo se convierte en arma —aranceles, tribunales, seguridad, energía, soberanía ajena.
El riesgo para México es que, cuando Trump insiste en que México está “capturado” por los narcotraficantes, no necesita probarlo en un tribunal; le basta con presentarlo como un hecho ante su base y el ecosistema político de Washington.
Por eso, la presidenta le mencionó el dato que más le conviene: los resultados. En su explicación de la llamada, afirmó que le expuso una reducción del 50% en el cruce de fentanilo de México a EU, además del desmantelamiento de narcolaboratorios. Ese es el tipo de argumento que busca desmontar la premisa de “México no hace nada” y, sobre todo, quitarle a Trump el pretexto para atacar a los narcos dentro del país. El problema es que Trump no opera con datos, aunque provengan de su propio gobierno; opera con narrativas útiles.
El siguiente capítulo de la relación bilateral será la reunión del comité binacional, que la presidenta informó se realizará en Washington los días 22 y 23 de enero para avanzar en los temas que, según ella, preocupan a ambos países. Por México asistirán los secretarios de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente, de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, y el director para América del Norte, Roberto Velasco.
Conclusión: lo que ocurra en esa reunión será muy importante. Ahí se verá si Trump busca una cooperación ordenada o si endurece sus exigencias. La llamada de 15 minutos, sin su versión, da para interpretar, no para sentenciar. Lo que sigue es lo que cuenta: si insiste en el “México capturado” o vuelve a plantear tropas y “acciones en tierra”, seguirá la tensión bilateral. Si se mantiene una agenda de inteligencia, decomisos y control fronterizo sin intervención, habrá margen para manejar una mejor relación.
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Cortesía de El Economista
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