Actualmente el insomnio se ha vuelto uno de los grandes problemas de la sociedad. Tan solo en México, el 71% de las personas admitieron tener una mala calidad de sueño: duermen poco y mal, lo que incrementa sus niveles de estrés y afecta directamente a su salud y su desempeño laboral.
Sin embargo, el otro extremo tampoco es alentador: nos referimos a aquellas personas que afirman ser capaces de dormirse apenas apoyan la cabeza sobre cama. Aunque esto pueda parecer un superpoder, lo cierto es que quedarse dormido en pocos minutos es, según la ciencia del sueño, un síntoma de deuda de sueño acumulada y cansancio mental.
El termómetro del cansancio
Una medida para evaluar el nivel de cansancio de un organismo es la latencia del sueño (SOL, por sus siglas en inglés). Este término describe el tiempo que pasa desde que alguien se prepara para dormir hasta la primera fase del sueño. Según los expertos, en adultos sanos ese lapso ronda entre los 10 y 15 minutos, incluso puede extenderse hasta los 18 minutos.
Si alguien está muy por encima o debajo de dicho rango, entonces se considera un signo de alerta. Para la Sleep Foundation, que alguien tarde menos de eso en entrar en la primera fase del sueño puede ser un indicador de que su cerebro entra en un estado de hiperexcitabilidad homeostática, es decir, que está tan desesperado por recuperarse que simplemente colapsa en cuanto tiene oportunidad.
A partir de esta medición, la ciencia del sueño establece tres escenarios claros, dependiendo de qué tan poco tardan las personas en dormirse:
- Entre 10 y 18 minutos se considera un rango normal.
- Menos de 8 minutos se considera somnolencia patológica.
- Menos de 5 minutos se considera privación severa del sueño.
Dormirse rápido no es dormir mejor
Puede que la idea del sueño instantáneo como algo positivo esté muy extendida. Sin embargo, la cronobiología señala que esto puede ser una respuesta a una restricción crónica del sueño. Dormir menos de lo necesario durante semanas o meses genera “deudas de sueño” que el cuerpo tratará de cobrarse en cuanto tenga oportunidad, incluso en microepisodios involuntarios.
Estudios publicados en fuentes como Nature o PCM vinculan esta latencia ultracorta también con alteraciones metabólicas o una disminución en el rendimiento cognitivo. Otras investigaciones han revelado que las personas que se duermen casi de inmediato suelen sufrir lapsos de atención involuntarios, fatiga involuntaria o menos capacidad de concentración. Esto puede ser fatal en condiciones como conducción o trabajos de extrema precisión.

Lo que es importante entender es que la deuda de sueño no se compensa con solo una noche de descanso prolongado o con levantarse tarde un fin de semana. De hecho, los estudios apuntan a que la latencia corta puede mantenerse durante días, dependiendo de la magnitud del déficit de sueño al que se haya sometido el organismo. Dormirse rápido tampoco garantiza un sueño reparador o de buena calidad.
En caso estar ante una persona que cae rendida al primer bostezo, lo primero es revisar su higiene del sueño: horarios, exposición a pantallas, consumo de cafeína y rutinas nocturnas. También es importante estar atentos a otros indicadores. Dormirse con facilidad extrema en cualquier situación puede ser un síntoma de apnea del sueño, una enfermedad grave y a menudo difícil de diagnosticar, cuyo primer síntoma suele ser un descanso deficiente.
Cortesía de Xataka
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