
Con el estreno de la temporada final de Stranger Things, no sólo regresan los viajes al Upside Down, los portales amenazantes y los últimos episodios de la historia: también vuelve su banda sonora.
La playlist oficial de la serie la puedes escuchar en Spotify. Cuenta con 209 canciones que suman cerca de 12 horas de nostalgia ochentera, clásicos del rock, pop y soul, además de composiciones que dan vida al mundo de Hawkins.
Esta lista invita a acompañar el cierre de un ciclo con música: desde himnos emblemáticos de los años 80 hasta canciones que los fanáticos reconocerán por su papel en escenas icónicas.
Clave para construir su atmósfera
La selección musical de Stranger Things ha sido clave para construir su atmósfera entre lo sobrenatural y lo profundamente emocional.
Desde la primera temporada, la serie apostó por clásicos que hoy forman parte de momentos inolvidables: “Should I Stay or Should I Go” de The Clash se convirtió en un símbolo del vínculo entre Will y Jonathan, mientras que la versión de “Heroes” de Peter Gabriel acompañó una de las escenas más conmovedoras del inicio de la historia.
Conforme avanzaron las temporadas, la nostalgia ochentera se hizo todavía más evidente con piezas como “Whip It” de Devo, “Girls on Film” de Duran Duran o “Time After Time” de Cyndi Lauper, que acompañan al elenco juvenil mientras Hawkins se convierte en un terreno cada vez más peligroso.
La música también ha funcionado como un recurso narrativo en sí mismo; por ejemplo, en la temporada cuatro, “Running Up That Hill” de Kate Bush trascendió la pantalla al volver a los primeros lugares de las listas globales gracias a su importancia en el arco de Max.
En la quinta temporada (parte del estreno de esta semana) la serie recupera temas como “Pretty in Pink” de Psychedelic Furs, “Fernando” de ABBA o “I Think We’re Alone Now” de Tiffany, acompañados por guiños inevitables a “Rockin’ Robin” de Michael Jackson y “Upside Down” de Diana Ross.
Estas elecciones musicales no sólo refuerzan el tono ochentero, sino que funcionan como un puente emocional entre la audiencia y los personajes, especialmente ahora que la historia se dirige a su desenlace definitivo.
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Cortesía de El Economista
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