¿Te imaginas seguir creciendo hasta los 40? Así lo hacía el Tyrannosaurus rex, según un nuevo análisis con técnicas innovadoras

Desde que se descubrieron los primeros restos de Tyrannosaurus rex a principios del siglo XX, este depredador prehistórico se convirtió en un símbolo de poder, fuerza y velocidad evolutiva. Las primeras investigaciones sobre su crecimiento, realizadas a comienzos de los años 2000, apuntaban a un patrón fulgurante: alcanzar las 8 toneladas de peso en apenas dos décadas y morir antes de los 30 años. Parecía casi un velocista de la evolución. Pero, como ocurre a menudo en ciencia, la historia ha dado un giro inesperado.

Un equipo internacional de paleontólogos y estadísticos ha publicado un estudio revolucionario en la revista PeerJ, basado en el análisis microhistológico de 17 especímenes de Tyrannosaurus rex —desde juveniles hasta adultos colosales—. Este trabajo, el más completo sobre la vida y crecimiento de esta especie hasta la fecha, ha permitido reconstruir su biografía con una precisión sin precedentes.

El resultado: el T. rex no era un adulto a los 20 ni a los 25 años. Muchos seguían creciendo hasta bien entrada la cuarentena. Literalmente. Algunos individuos tardaron hasta 40 años en alcanzar su tamaño final, lo que extiende en más de 15 años las estimaciones previas.

Cómo se descubrió el secreto: huesos, luz polarizada y estadística

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores se sumergieron —casi literalmente— en los huesos fósiles de estos dinosaurios. Usaron técnicas avanzadas de microscopía y luz polarizada para observar los llamados “anillos de crecimiento” en secciones delgadas de fémures y tibias. Estos anillos funcionan de forma similar a los de los árboles: cada año deja una marca.

Sin embargo, hay un problema. A medida que los dinosaurios envejecen, los anillos más antiguos —los de la juventud— se pierden porque el crecimiento de la cavidad medular borra las señales más tempranas. Para sortear este obstáculo, el equipo diseñó un método estadístico capaz de reconstruir las fases perdidas, cruzando los datos de diferentes ejemplares como si se tratase de piezas de un rompecabezas ontogenético.

Además, los investigadores identificaron anillos invisibles para las técnicas habituales, visibles solo con luz circularmente polarizada. Muchos de estos anillos habían sido ignorados hasta ahora, lo que explicaría por qué los estudios anteriores subestimaban tanto la edad de los ejemplares.

Gráfico del tamaño del T. rex a lo largo de su vida, con los distintos ejemplares analizados en el estudio señalados según su edad y proporción corporal
Gráfico del tamaño del T. rex a lo largo de su vida, con los distintos ejemplares analizados en el estudio señalados según su edad y proporción corporal. Fuente: Dr. Holly Woodward Ballard

El T. rex, un depredador que crecía con “paciencia”

El hallazgo tiene enormes implicaciones para comprender cómo vivía el Tyrannosaurus rex y por qué logró imponerse como uno de los superdepredadores más exitosos del Cretácico. Un crecimiento lento y prolongado implica una infancia larga, una adolescencia extendida y una vida adulta más compleja.

La nueva curva de crecimiento sugiere que el T. rex no corría a la adultez. Más bien, atravesaba un prolongado desarrollo en el que probablemente iba cambiando de nicho ecológico. De joven, podría haber ocupado roles como carroñero o depredador oportunista. De adulto, se convertía en el indiscutible rey del ecosistema.

Curiosamente, los científicos solo encontraron señales claras de “detención del crecimiento” en los huesos más grandes y antiguos. Es decir, muy pocos T. rex alcanzaban esa fase de madurez ósea conocida como EFS (External Fundamental System), lo que indica que vivir hasta los 40 años era una rareza, no la norma.

¿Y si algunos “T. rex” no eran T. rex?

Otro de los descubrimientos más llamativos del estudio es que no todos los ejemplares encajan en el patrón de crecimiento del T. rex. Dos fósiles especialmente famosos, conocidos como “Jane” y “Petey”, presentaban curvas de crecimiento tan distintas que podrían pertenecer a otra especie. O al menos, a una variante biológica significativa.

Este hallazgo reaviva una vieja polémica en paleontología: ¿existe realmente una sola especie de Tyrannosaurus rex o deberíamos hablar de un “complejo de especies”? Algunos investigadores defienden que los fósiles más pequeños pertenecen a un género distinto, denominado Nanotyrannus, mientras que otros sostienen que simplemente eran ejemplares juveniles.

Lo que este nuevo estudio deja claro es que el crecimiento óseo puede ofrecer pistas valiosas en este debate. Aunque los autores no afirman de forma concluyente que se trate de especies diferentes, sí sugieren que las diferencias no pueden explicarse solo por la edad o el sexo. En otras palabras, el T. rex que creíamos conocer podría ser, en realidad, un conjunto de dinosaurios emparentados pero distintos.

Un nuevo análisis de los anillos de crecimiento en los huesos de las patas de 17 ejemplares de Tyrannosaurus rex indica que estos dinosaurios alcanzaban la madurez mucho más tarde de lo que se creía
Un nuevo análisis de los anillos de crecimiento en los huesos de las patas de 17 ejemplares de Tyrannosaurus rex indica que estos dinosaurios alcanzaban la madurez mucho más tarde de lo que se creía, y refuerza la hipótesis de que no todos pertenecían a la misma especie. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Una revolución para entender a los dinosaurios

Más allá del caso del Tyrannosaurus rex, las implicaciones de esta investigación son profundas para el conjunto de la paleontología. Si los métodos anteriores estaban subestimando la edad y crecimiento de estos animales, entonces los modelos de desarrollo de muchos otros dinosaurios podrían estar equivocados. La aplicación de luz polarizada, la identificación de anillos múltiples y los nuevos enfoques estadísticos abren la puerta a reinterpretar la historia de otros gigantes prehistóricos.

Además, este trabajo refuerza la importancia de reunir grandes muestras fósiles. Mientras que estudios anteriores trabajaban con apenas siete individuos, este nuevo análisis se basa en diecisiete, lo que ha permitido cubrir casi todas las etapas de desarrollo del animal.

El resultado es una curva de crecimiento más suave, realista y biológicamente coherente. Un Tyrannosaurus rex menos explosivo, pero más resistente. Más paciente en su ascenso al trono de los depredadores. Y, como tantas veces en la historia natural, mucho más complejo de lo que la ciencia creía.

Más de un siglo después de su descubrimiento, el dinosaurio más conocido sigue siendo objeto de debates, polémicas y revisiones. Lejos de agotar su misterio, cada nuevo fósil y cada nueva tecnología parecen añadir una capa más a su historia evolutiva.

Este nuevo estudio no solo cambia lo que sabíamos sobre su crecimiento, sino que invita a reconsiderar cómo evolucionaron los grandes depredadores del Mesozoico. Y, sobre todo, cómo interpretamos las huellas del pasado cuando contamos con más datos, mejores herramientas y una mirada más amplia.

A fin de cuentas, lo que este trabajo demuestra es que el T. rex sigue creciendo. Al menos en nuestra imaginación científica.

Referencias

  • Prolonged growth and extended subadult development in the Tyrannosaurus rex species complex revealed by expanded histological sampling and statistical modeling, PeerJ (2026). DOI: 10.7717/peerj.20469

Cortesía de Muy Interesante



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