Trump advierte a Noruega tras no cumplir su capricho de ganar el Nobel: “Ya no tengo que pensar solo en la paz”, ¿amenaza para el mundo?

Parece que para Donald Trump no fue suficiente que María Corina Machado, en un gesto sin precedentes, le regalara la semana pasada durante su encuentro en la Casa Blanca, la medalla que el Comité Noruego del Nobel le entregó a ella como ganadora del Nobel de Paz 2025, ni que su amigo, el presidente de la Fifa, Gianni Infantino, le otorgara el primer premio de la Paz: el Fútbol Une el Mundo, durante el sorteo del Mundial en Washington.

No. El presidente de Estados Unidos sigue insistiendo que él y solo él debió ganar el año pasado la distinción que el Comité Noruego le entrega a líderes por su contribución pacificadora en regiones que viven en medio de la opresión o en conflicto.

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Por eso, su afán el año pasado de sellar una tregua entre Israel y Hamás para desescalar el conflicto en la Franja de Gaza iba más allá de un interés genuino por acabar con el sufrimiento de los gazatíes en medio de la guerra: quería saciar su ego con el reconocimiento, que vio perdido en octubre pasado ante el anuncio del premio a la opositora venezolana.

Trump no ha podido superar que perdió el Nobel y, ahora derrotado y viendo frustrado su capricho, advierte al mundo que, como líder de uno de los países equipado con el armamento y el poder bélico más grande, ya no tiene que “pensar solo en la paz”.

“Teniendo en cuenta que su país decidió no darme el premio Nobel de la Paz por haber detenido ocho guerras o más, ya no me siento obligado a pensar sólo en la paz”, escribió Trump en un mensaje dirigido al primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Store, y que fue replicado en varios medios estadounidenses y europeos.

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La advertencia llega en el marco de su interés de hacerse con el control de Groenlandia, un asedio que pausó el año pasado para darle prioridad, entre otras, a su guerra arancelaria, y a influir en los conflictos en Ucrania y Gaza, mientras que en su propio país arreció la persecución contra los inmigrantes.

Ahora, fortalecido, y sin la aparente presión por obtener el Nobel de Paz, Trump retomó sus planes de anexar a Estados Unidos a la isla del Ártico, que aunque autónoma, está bajo control de Dinamarca, país con el que el presidente estadounidense está elevando el tono para lograr su cometido.

“El mundo no estará seguro a menos que tengamos un control total y completo sobre Groenlandia”, agregó Trump en su mensaje publicado a un año de regresar a la Casa Blanca.

El mandatario sostuvo que si bien la paz será un criterio “predominante”, ahora pensará más “en lo que es bueno y apropiado para los Estados Unidos de América”.

¿Es entonces una amenaza directa para el mundo o para quien quiera interferir en sus planes de quedarse con Groenlandia, o solo una nueva “pataleta” por no tener un reconocimiento para presumir en la Oficina Oval?

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Sus palabras son leídas con recelo, en especial por varias naciones europeas como Reino Unidos, Alemania y Francia, que han cerrado filas para defender el territorio en manos de Dinamarca anunciando acciones, hasta el momento, por la vía diplomática.

Su mensaje desafiante, por su parte, ya tuvo respuesta de primer ministro noruego Jonas Gahr Store, quien le recordó que no es el gobierno de Noruega quien otorga el Nobel de la Paz, sino un comité independiente.

“He explicado con claridad, y también al presidente Trump, que como es bien sabido el premio es otorgado por un comité Nobel independiente”, dijo el primer ministro.

Lo cierto es que, Trump ahora utiliza su “derrota” en el Nobel para justificar su política intervencionista. Lo acaba de hacer en Venezuela, con la operación con la que capturó a Nicolás Maduro, cuyo interés más allá de someter el líder del régimen es poner a disposición de su país el petróleo venezolano.

Lo mismo pasa con Groenlandia, una isla rica en recursos como petróleo, gas y minerales raros para la fabricación de productos tecnológicos, además de un corredor estratégico para abrir nuevas rutas de navegación que le darían aún más poder a la nación norteamericana frente a China o Rusia. Estados Unidos ya está instalado allí con presencia militar en virtud de una alianza con Canadá que se remonta a 1958, en plena Guerra Fría, y que lleva por nombre Mando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD, por sus siglas en inglés).

Mientras tanto, la consigna no cambia: “Groenlandia no está en venta” y sus apenas 57.000 habitantes, apoyados por Europa, están dispuestos a pelear por su soberanía para enfrentar un nuevo capricho de Trump.

Cortesía de El Colombiano



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