Trump, un año después: la economía resistió, el bolsillo no

A un año del inicio de su segundo mandato, Donald Trump enfrenta una paradoja económica. Estados Unidos evitó una recesión, mantuvo el crecimiento y logró estabilizar la inflación, pero no consiguió recomponer la percepción del votante ni aliviar de forma clara el poder adquisitivo de los hogares.

La brecha entre las promesas de campaña y los resultados percibidos se ha convertido en el principal desafío político del presidente rumbo a 2026, justo cuando se cruzan las elecciones intermedias y la revisión del T-MEC.

1. Crecimiento económico: cifras sólidas, impacto desigual

Durante su primer año completo, la economía estadounidense mostró un desempeño mejor al anticipado por el mercado. En el tercer trimestre de 2025, el Producto Interno Bruto (PIB) creció 4.3% anualizado, impulsado por el consumo, el gasto público y las exportaciones, de acuerdo con datos de la Oficina de Análisis Económico (BEA).

Ramsés Gutiérrez, VP de Franklin Templeton, señala que buena parte del dinamismo económico de 2025 se explicó por inversión de capital enfocada en inteligencia artificial, un impulso que permitió evitar la recesión, pero que resulta difícil de extrapolar a los siguientes periodos. Ese auge también ayudó a que el mercado de valores sobreviviera a la andanada de aranceles y creciera 15% (S&P 500) en el primer año del republicano.

El dinamismo permitió sostener la expansión económica y disipar, al menos por ahora, los temores de una recesión.

Desde la óptica de Valmex, el balance del crecimiento es positivo, pero apunta a una fase de normalización.

“La actividad económica ha mostrado una desaceleración ordenada respecto a los ritmos elevados observados en años previos, pero sin señales de una contracción abrupta”, señala Gerónimo Ugarte Bedwell, economista en jefe de la firma.

En este entorno, el consumo privado ha seguido siendo el principal soporte del crecimiento, en línea con un escenario de soft landing, en el que la economía converge gradualmente hacia tasas más cercanas a su potencial de largo plazo.

2. Inflación y confianza del consumidor: el dato mejora, la preocupación persiste

En términos estadísticos, la inflación dejó de ser un problema explosivo durante el primer año de Trump. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) cerró diciembre de 2025 con un aumento anual de 2.7%, sin cambios respecto a noviembre y por debajo del 2.9% observado un año antes.

La inflación subyacente se ubicó en 2.6%, confirmando una moderación gradual de las presiones inflacionarias.

No obstante, el alivio ha sido incompleto. Los alimentos aumentaron 3.1% anual, por encima del promedio, y la vivienda siguió siendo uno de los principales factores detrás del repunte mensual de precios. Además, los datos de la Universidad de Michigan muestran que persiste una incertidumbre sustancial sobre el futuro económico, particularmente en torno a los precios de largo plazo. El experto de Valmex señala que la inflación ha bajado, pero más lentamente de lo anticipado.

“La trayectoria descendente ha sido gradual y la inflación subyacente, especialmente en servicios, sigue mostrando persistencia por rigideces en costos laborales y de vivienda”, explica Ugarte Bedwell. Este entorno ha obligado a la política monetaria a mantener una postura cautelosa, altamente dependiente de los datos.

Por otro lado, el experto de Franklin Templeton distingue entre el “cuadro duro” y el “cuadro blando” de la economía. Detalla que aunque la inflación ya se ubica en rangos más manejables, el sentimiento del consumidor permanece deteriorado.

Por ejemplo, apunta, el índice de la Universidad de Michigan se ubicó en niveles cercanos a 52 puntos en su lectura preliminar de enero, frente a alrededor de 72 puntos un año antes, mientras que las expectativas de inflación, aunque mejores que en 2024, siguen elevadas respecto a su promedio histórico, explica Gutiérrez.

3. Empleo y salarios: estabilidad laboral sin mejora del ingreso real

El mercado laboral evitó un deterioro abrupto, pero mostró una desaceleración evidente. En 2025 se crearon 584,000 empleos, muy por debajo de los dos millones generados el año previo. En diciembre, apenas se sumaron 50,000 puestos, aunque la tasa de desempleo descendió ligeramente a 4.4%.

Valmex interpreta este desempeño como un reacomodo más que un deterioro. “Los indicadores sugieren una normalización progresiva del mercado laboral; la creación de empleo se ha moderado, pero la tasa de desempleo se mantiene en niveles históricamente bajos”, apunta el economista. Este proceso ha reducido presiones salariales sin generar, por ahora, un impacto severo sobre el consumo agregado.

Sin embargo, el punto crítico sigue siendo el ingreso real. Aunque los salarios nominales continúan creciendo, no lo hacen al ritmo suficiente para compensar la inflación acumulada, lo que explica por qué solo alrededor de 17% de los estadounidenses considera que hoy está mejor que hace un año. Hay empleo, pero el alivio en el bolsillo sigue siendo limitado.

El enfriamiento gradual del mercado laboral también tiene un componente estructural. Según Ramsés Gutiérrez, la menor creación de empleo responde, en parte, a un menor dinamismo de la migración hacia Estados Unidos, lo que ha reducido la oferta laboral y moderado el ritmo de expansión del empleo, sin detonar aún un deterioro abrupto.

4. Consumo y desigualdad: crecimiento sostenido por los de mayores ingresos

Pese al enfriamiento del empleo y a la persistente cautela del consumidor, el gasto se ha mantenido relativamente sólido. Sin embargo, lo ha hecho de forma desigual. Datos de Moody’s Analytics muestran que hacia el segundo trimestre de 2025 el 10% de los hogares con mayores ingresos concentró cerca del 49.2% del gasto total, el nivel más alto desde 1989.

Un reporte de la Reserva Federal de Dallas confirma que el 20% superior de la distribución de ingresos explica alrededor del 57% del gasto total. Este patrón ayuda a entender por qué la economía sigue creciendo sin que la mayoría de los hogares perciba una mejora clara en su situación financiera.

En materia de inversión, el especialista de Franklin Templeton advierte que el principal freno para una relocalización más amplia no es la falta de incentivos, sino la incertidumbre regulatoria y legal, especialmente en torno a tarifas y posibles represalias comerciales.

“Cuando a la inversión se le introduce volatilidad jurídica, se vuelve más selectiva: se invierte donde hay subsidios o seguridad contractual, y se posponen proyectos”, explica Gutiérrez.

5. Aranceles, ingresos fiscales y riesgos legales: el costo político del proteccionismo

La política comercial fue uno de los pilares de la campaña de Trump y, en su primer año, se tradujo en un endurecimiento arancelario significativo. Para finales de 2025, la tasa arancelaria efectiva promedio de Estados Unidos alcanzó 16.8%, de acuerdo con el Yale Budget Lab, el nivel más alto desde la década de 1930.

En paralelo, los ingresos por aranceles se cuadruplicaron, al pasar de 7,300 millones de dólares en enero a 27,900 millones de dólares en diciembre.

Desde la óptica de Valmex, este enfoque ha tenido efectos mixtos. Por un lado, ha fortalecido la resiliencia de algunas cadenas productivas estratégicas; por otro, ha introducido costos adicionales y mayor complejidad operativa para empresas con exposición global.

“Más que un regreso masivo de la producción, lo que se observa es una reconfiguración parcial de cadenas, combinando producción local con esquemas de regionalización”, explica Ugarte Bedwell.

El uso intensivo de aranceles también abrió un frente legal. La Corte Suprema de Estados Unidos debe pronunciarse este mes sobre la legalidad del uso de poderes de emergencia para imponer tarifas de forma unilateral, un fallo que podría acotar el margen del Ejecutivo justo cuando se aproxima la revisión del T-MEC.

Además, Gutiérrez subraya que el problema no es solo el nivel de los aranceles, sino su incertidumbre jurídica. Y advierte que tarifas amplias y potencialmente litigables bajo la IEEPA encarecen insumos intermedios, presionan márgenes y pueden frenar decisiones de inversión.

“En el margen, Estados Unidos puede empujar ciertos sectores, pero no garantizar una relocalización eficiente si la herramienta principal son tarifas generalizadas”, señala.

Cortesía de Expansión



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