Un análisis genético revela cómo 2.000 años de convivencia con humanos moldearon a los osos de Italia

En las montañas del centro de Italia sobrevive una de las poblaciones de grandes mamíferos más singulares de Europa: el oso pardo marsicano. Son pocos, están aislados y llevan milenios compartiendo territorio con personas, aldeas, cultivos y caminos. Esa convivencia prolongada dejó huellas visibles en su ADN, según una investigación publicada en la revista científica Molecular Biology and Evolution. El trabajo propone que al eliminar durante siglos a los osos más conflictivos, los humanos pudieron haber favorecido, sin intención, la supervivencia de los más tranquilos.

Los osos pardos de los Apeninos no son como otros osos de Europa o de América del Norte. Viven en un territorio pequeño, rodeado de pueblos y carreteras, y hoy apenas suman unas decenas de individuos. Su historia está marcada por una convivencia constante con humanos, documentada desde la época romana, cuando la caza y el control de fauna eran prácticas habituales.

A diferencia de otras poblaciones, estos osos rara vez protagonizan episodios graves de agresión hacia personas. Los investigadores llevan tiempo señalando que su comportamiento parece más calmado que el de otros osos pardos. La pregunta era si esa diferencia se debía solo al aprendizaje o si también estaba escrita en los genes.

Para responderla, un equipo internacional decidió mirar dentro del ADN de estos animales. Secuenciaron el genoma completo de varios osos apenínicos y lo compararon con el de osos de otras regiones de Europa y de Norteamérica. La comparación permitió situar a los osos italianos en un contexto evolutivo más amplio.

La presión humana actuó como una fuerza de selección natural durante siglos, sin intención ni planificación.
La presión humana actuó como una fuerza de selección natural durante siglos, sin intención ni planificación. Representación con IA. Fuente: Sora / Edgary Rodríguez R.

Un genoma marcado por el aislamiento

Los osos de los Apeninos tienen una diversidad genética muy baja. Tras siglos de aislamiento, gran parte de su ADN es prácticamente idéntico entre individuos, un fenómeno conocido como endogamia. Más de la mitad de su genoma está formado por largas regiones repetidas, una señal de cruces entre parientes a lo largo de generaciones.

Esta pérdida de diversidad genética tiene consecuencias. Los investigadores detectaron una mayor presencia de mutaciones potencialmente dañinas en estado “doble”, es decir, sin una copia sana que las compense. Eso aumenta la llamada carga genética y puede afectar a la salud y a la capacidad de adaptación de la población.

Sin embargo, el estudio también muestra que no todo se explica por el azar. A pesar de este empobrecimiento genético, hay regiones del genoma que parecen haber sido conservadas o incluso favorecidas. Ahí es donde entra en juego la selección natural asociada a la convivencia con humanos.

Un nuevo estudio revela que los individuos menos agresivos tuvieron más posibilidades de sobrevivir y reproducirse. Representación con IA.
Un nuevo estudio revela que los individuos menos agresivos tuvieron más posibilidades de sobrevivir y reproducirse. Representación con IA. Fuente: Sora / Edgary Rodríguez R.

Señales de selección en genes del comportamiento

Al analizar millones de variantes genéticas, el equipo buscó patrones que indicaran selección positiva, es decir, cambios que se extendieron porque ofrecían alguna ventaja.

Encontraron cientos de genes con esas señales, y un grupo más reducido llamó especialmente la atención. Diecisiete genes están relacionados con el desarrollo del cerebro y la conducta.

Muchos de estos genes ya habían sido vinculados en otros animales a rasgos como la docilidad o la respuesta al estrés. No se trata de “genes de la mansedumbre”, sino de piezas del sistema nervioso que influyen en cómo un animal reacciona ante su entorno. En los osos apenínicos, estos genes muestran variantes distintas a las de otras poblaciones.

Un detalle clave es que la mayoría de los cambios no altera directamente las proteínas. En lugar de eso, afectan a cómo se activan los genes o a cómo se procesa la información genética. Son modificaciones sutiles, pero capaces de influir en comportamientos complejos.

Cuando cazar cambia la evolución

La interpretación de los autores es prudente, pero consistente. Durante siglos, los osos más agresivos o menos tolerantes al contacto humano tenían más probabilidades de ser abatidos. Los individuos más esquivos o tranquilos sobrevivían y dejaban descendencia. Con el paso de muchas generaciones, ese filtro constante pudo inclinar la balanza genética de la población. No fue un experimento planificado, sino una consecuencia acumulada de decisiones humanas repetidas en el tiempo. El estudio sugiere que la presión humana actuó como una forma de selección natural.

Este proceso recuerda a lo observado en animales domesticados, aunque con una diferencia crucial: aquí no hubo cría dirigida. Los cambios se produjeron en libertad, en un entorno cada vez más humanizado. Es un ejemplo de cómo la actividad humana puede influir en la evolución sin darse cuenta.

Comparación de la organización cromosómica entre especies de carnívoros que muestra cómo se alinean sus genomas a gran escala. El gráfico destaca una inversión en la región del complejo mayor de histocompatibilidad (MHC) entre los osos de los Apeninos y los osos grizzly, así como diferencias en la cobertura de secuenciación obtenida con tecnologías Illumina y PacBio. La imagen ilustra cómo la estructura del genoma del oso apenínico conserva rasgos únicos dentro del grupo de los osos.
Crédito: Molecular Biology and Evolution (2025).
Comparación de la organización cromosómica entre especies de carnívoros que muestra cómo se alinean sus genomas a gran escala. El gráfico destaca una inversión en la región del complejo mayor de histocompatibilidad (MHC) entre los osos de los Apeninos y los osos grizzly, así como diferencias en la cobertura de secuenciación obtenida con tecnologías Illumina y PacBio. La imagen ilustra cómo la estructura del genoma del oso apenínico conserva rasgos únicos dentro del grupo de los osos.
Crédito: Molecular Biology and Evolution (2025).

Un futuro lleno de dilemas

El hallazgo plantea preguntas difíciles para la conservación. Por un lado, los osos apenínicos son genéticamente únicos y han desarrollado rasgos que facilitan la convivencia con personas. Por otro, su baja diversidad genética los hace vulnerables a enfermedades y cambios ambientales.

Algunos expertos plantean la posibilidad de introducir osos de otras poblaciones para reforzar la genética. Pero esa medida podría traer individuos más audaces o agresivos, aumentando el riesgo de conflictos. El estudio advierte que no todas las soluciones “genéticas” son neutras desde el punto de vista del comportamiento. Las especies no solo se adaptan al clima o al paisaje, también a nuestras decisiones. La historia de estos osos muestra que coexistir deja huella, incluso en el ADN.

Referencias

  • Fabbri, G., Biello, R., Gabrielli, M., Torres Vilaça, S., Sammarco, B., Fuselli, S., … & Bertorelle, G. (2025). Coexisting With Humans: Genomic and Behavioral Consequences in a Small and Isolated Bear Population. Molecular Biology and Evolution42 (12), msaf292. doi: 10.1093/molbev/msaf292

Cortesía de Muy Interesante



Dejanos un comentario: