Un análisis revela lo impensable: encuentran restos de heces en un manual médico de 1531 y destapan los remedios más insólitos, grotescos y reales del Renacimiento

Durante siglos, un libro médico renacentista durmió el sueño de los justos en una biblioteca inglesa. Encerrado entre tapas gastadas y letras góticas, parecía uno más entre miles de impresos antiguos. Pero lo que no se veía a simple vista ha resultado ser lo más revelador: huellas invisibles de los usuarios que manipularon, leyeron y, lo más sorprendente, aplicaron las recetas que allí se recopilaban. Restos de heces humanas, proteínas animales y vegetales que cuentan una historia de prácticas médicas cotidianas, de desesperación, de experimentación y de una creatividad médica que hoy nos resulta tan chocante como fascinante.

Este hallazgo ha sido posible gracias a una investigación liderada por un equipo interdisciplinar y publicada en The American Historical Review bajo el título The Scientific Analysis of Renaissance Recipes. Utilizando técnicas avanzadas de proteómica y fotografía multiespectral, los científicos han logrado extraer restos moleculares de las páginas del volumen, conservado en la Biblioteca del John Rylands Research Institute, en la Universidad de Mánchester. El libro en cuestión es una edición conjunta de dos manuales publicados en 1531 por Bartholomäus Vogtherr, un oculista de origen alemán que recopiló decenas de recetas caseras para tratar desde enfermedades graves hasta problemas tan aparentemente banales como el mal aliento.

Recetas imposibles y remedios cotidianos

En el Renacimiento, la medicina no era patrimonio exclusivo de médicos titulados. En casas de todas las clases sociales se preparaban pócimas, ungüentos y decocciones, y se transmitían fórmulas que mezclaban saber empírico, herencia oral y superstición. Los libros como los de Vogtherr eran verdaderos “best sellers” en su tiempo, y su éxito fue tal que llegaron a imprimirse y reimprimirse durante décadas.

Sin embargo, hasta ahora no sabíamos cuán intensamente eran usados estos manuales. El ejemplar de Mánchester ofrece una pista formidable: anotaciones manuscritas en los márgenes, páginas dobladas, subrayados. Pero más allá de lo visible, lo que reveló el análisis proteómico fue un verdadero archivo molecular. En total se identificaron más de un centenar de proteínas depositadas sobre el papel, restos biológicos dejados por quienes consultaron y usaron el manual hace más de cuatro siglos.

Entre los hallazgos más sorprendentes figuran restos de proteínas asociadas a plantas como el romero o el berro, pero también trazas de animales exóticos, como el hipopótamo, y especies locales, como los reptiles. ¿Qué hacían en las páginas de un recetario doméstico?

La portada de este recetario médico ofrece una de las imágenes más representativas del papel activo que mujeres y hombres tuvieron en la experimentación con remedios en la Alemania de la Edad Moderna
La portada de este recetario médico ofrece una de las imágenes más representativas del papel activo que mujeres y hombres tuvieron en la experimentación con remedios en la Alemania de la Edad Moderna. Fuente: The John Rylands Research Institute and Library

Lombrices, reptiles y heces: la ciencia casera del siglo XVI

Una de las recetas más comentadas en el estudio proponía frotar la cabeza calva con heces humanas para estimular el crecimiento del cabello. Junto a esta sorprendente sugerencia, los investigadores hallaron restos de una proteína específica —lipocalina— que podría proceder precisamente de esa sustancia. El hallazgo no solo confirma que el lector del libro se detuvo en esa página: sugiere que alguien siguió las instrucciones al pie de la letra.

En otra sección dedicada también a la caída del cabello, se identificaron proteínas compatibles con restos de lagarto o tortuga. En la Europa renacentista, las cabezas de lagarto trituradas se recomendaban como tónico capilar. La medicina empírica no conocía fronteras morales: todo lo que pudiera funcionar era susceptible de ser probado.

Pero el hallazgo más desconcertante fue la posible presencia de colágeno procedente de hipopótamo. Sí, hipopótamo. Durante el siglo XVI, estos animales exóticos eran objeto de coleccionismo, y sus dientes eran especialmente valorados por sus supuestas propiedades curativas, sobre todo contra el mal aliento y los dolores dentales. En el libro de Vogtherr, varias recetas dedicadas a afecciones bucales aparecen marcadas y manoseadas. Que en esas páginas se haya localizado proteína de hipopótamo podría indicar que, en efecto, estas recetas fueron puestas en práctica con material importado desde África.

El saber, las prácticas y las imágenes de las recetas de Vogtherr se integraron en los manuales médicos más difundidos de la Alemania del siglo XVI
El saber, las prácticas y las imágenes de las recetas de Vogtherr se integraron en los manuales médicos más difundidos de la Alemania del siglo XVI. Fuente: The John Rylands Research Institute and Library

La historia entre los dedos

Las manos que tocaron esas páginas no solo dejaron tinta y grasa. También dejaron sudor, células muertas, saliva y pequeñas partículas de los ingredientes que manipulaban mientras consultaban las recetas. Esas marcas moleculares permanecieron durante siglos incrustadas en el papel, invisibles para el ojo humano, hasta que la ciencia moderna ha hecho posible su detección.

El uso de técnicas no invasivas, como las disqueteras de acetato con resinas que capturan proteínas sin dañar el documento, ha abierto un nuevo campo para la historia material del conocimiento. No se trata solo de qué se escribió, sino de cómo se usó, quién lo tocó, qué dejó tras de sí. Y, sobre todo, de cómo el conocimiento se transmitía, no solo en palabras, sino en acciones, gestos, pruebas y errores.

Este tipo de estudios están reescribiendo lo que sabemos sobre la ciencia cotidiana del Renacimiento. Las cocinas, jardines y dormitorios eran, en realidad, verdaderos laboratorios domésticos. Allí se maceraban plantas, se destilaban líquidos, se hervían raíces. La experimentación formaba parte de la vida diaria, y tanto hombres como mujeres —aunque estas últimas de forma menos documentada— participaban activamente en el ensayo de remedios caseros.

Los manuales como el de Vogtherr se convertían así en objetos vivos: se manoseaban, se mojaban, se manchaban con ingredientes que hoy nos parecen escatológicos pero que eran considerados tratamientos legítimos. Las anotaciones en los márgenes, muchas de ellas con valoraciones sobre la eficacia de los remedios, apuntan a una medicina empírica basada en la experiencia y el cuerpo, en la repetición y el aprendizaje, no siempre documentado, pero ahora, curiosamente, recuperado gracias a las ciencias exactas.

Este grabado del siglo XV muestra una botica como símbolo de la unión entre saber médico, práctica artesanal y tradición religiosa
Este grabado del siglo XV muestra una botica como símbolo de la unión entre saber médico, práctica artesanal y tradición religiosa. Fuente: The John Rylands Research Institute and Library

¿Un nuevo tipo de archivo histórico?

El estudio va mucho más allá de la mera curiosidad médica. Al recuperar restos invisibles de prácticas pasadas, los investigadores abren una vía apasionante para explorar cómo se vivía, se enfermaba y se curaba en el pasado. Estos restos de proteínas actúan como testimonios físicos, como voces mudas de usuarios anónimos que no dejaron crónicas, pero cuyas huellas bioquímicas nos conectan directamente con su realidad material.

Cada mancha, cada anotación, cada proteína identificada nos habla de una época en la que la ciencia y la vida estaban profundamente entrelazadas, y en la que el conocimiento se construía tanto con palabras como con manos sucias.

Referencias

  • Stefan Hanß, Samantha Greeves, Gleb Zilberstein, Julianne Simpson, Tony Richards, Svetlana Zilberstein, Pier Giorgio Righetti, Elisabeth Carr, The Scientific Analysis of Renaissance Recipes: Proteomics, Medicine, and the Body in the Material Renaissance, The American Historical Review, 2025;, rhaf405, doi:10.1093/ahr/rhaf405

Cortesía de Muy Interesante



Dejanos un comentario: