La identificación del primer ejemplar de mula conocido en el Mediterráneo occidental constituye un hito relevante tanto para la arqueozoología como para el estudio de las sociedades protohistóricas europeas. El hallazgo procede del yacimiento de Hort d’en Grimau, situado en el actual término municipal de Castellví de la Marca (Barcelona). Excavado en la década de 1980, este enclave ha proporcionado evidencias materiales fundamentales para comprender las dinámicas sociales, económicas y simbólicas de la Primera Edad del Hierro en el noreste de la península ibérica.
El estudio publicado en Journal of Archaeological Science: Reports demuestra que la hibridación deliberada entre caballo y asno se produjo en Iberia varios siglos antes de lo que se creía. Este descubrimiento, por tanto,dinamita la idea de que la cría de mulas fue un fenómeno tardío asociado exclusivamente al mundo romano.
El contexto arqueológico de Hort d’en Grimau
El yacimiento de Hort d’en Grimau es un asentamiento de la Primera Edad del Hierro. Gracias a la combinación de análisis radiocarbónicos y evidencias cerámicas, ha podido fecharse entre mediados del siglo VIII y mediados del siglo VI a. C. Entre las estructuras documentadas, destaca el silo E10, un espacio excavado en el terreno que se reutilizó como lugar de enterramiento.
En el interior de este silo, se halló el esqueleto casi completo de un équido que se depositó sobre un lecho de piedras. Debajo, los arqueólogos encontraron los restos óseos dispersos y parcialmente calcinados de una mujer de entre 20 y 25 años. La asociación deliberada entre ambos individuos sugiere una práctica funeraria excepcional, claramente diferenciada de las cremaciones en urnas que caracterizan la norma funeraria del periodo.
Los enterramientos en silos, aunque raros en el contexto arqueológico, cuentan con algunos paralelos regionales en el Penedès y en áreas próximas. Todos ellos se vinculan cronológicamente a la Primera Edad del Hierro y a los contextos con materiales fenicios.

Una identificación compleja: de asno a híbrido
Durante décadas, el équido de Hort d’en Grimau se interpretó como un asno de pequeño tamaño. Sin embargo, el desarrollo de nuevos métodos de análisis zooarqueológicos y genéticos permitió revisar esta identificación. La combinación de rasgos morfológicos contradictorios fue la primera señal de que podía tratarse de un posible híbrido, ya que el esqueleto mostraba características propias tanto de caballos como de asnos.
El estudio osteológico reveló un mosaico morfológico. Elementos craneales y dentales con afinidades caballinas coexistían con rasgos asininos en huesos como la tibia o el metacarpo. Este patrón no encajaba plenamente con ninguna especie doméstica conocida. Por ello, el equipo de investigación decidió aplicar técnicas de ADN antiguo para resolver la cuestión taxonómica del ejemplar.

El papel decisivo del ADN antiguo
El análisis genético permitió identificar de manera inequívoca al animal como una mula de primera generación, fruto del cruce entre una yegua (Equus caballus) y un asno macho (Equus asinus). Los resultados mostraron una combinación casi equilibrada de ascendencia genética caballina y asinina, junto con una filiación mitocondrial claramente equina. Además, el ADN nuclear permitió determinar que el ejemplar era hembra. Se trata, por tanto, del primer ejemplar de mula genéticamente confirmada de Europa occidental.
Morfología, tamaño y edad del animal
El esqueleto corresponde a un individuo adulto de edad avanzada, probablemente mayor de ocho años. Las estimaciones de alzada a la cruz ofrecen valores variables, pero sitúan al animal en un rango de tamaño modesto, coherente con su naturaleza híbrida. La desproporción entre la longitud de la tibia y otros huesos largos refleja un patrón típico de las mulas, heredado del progenitor asinino.
Por otro lado, el esqueleto estaba casi completo. No se documentaron marcas de carroñeo ni señales claras de violencia, lo que sugiere que el animal no se sacrificó de forma cruenta o que, al menos, dicha acción no dejó huellas reconocibles en los huesos.
En lo que respecta al análisis de las patologías óseas y dentales, el animal presentaba lesiones compatibles con el uso de bridas y, quizás, de bocados, así como alteraciones mandibulares relacionadas con maloclusiones dentales y procesos infecciosos. Estas evidencias apuntan a que la mula se utilizó como animal de trabajo o de monta.

La dieta y el manejo del animal
Los análisis isotópicos de carbono y nitrógeno revelan que la dieta del animal se basaba, en gran medida, en cereales y alimentos procesados. Este dato sugiere una alimentación controlada por los humanos, probablemente asociada a la cría estabulada y al uso intensivo del animal en actividades productivas. Una dieta rica en cereales no solo implica un cuidado específico, sino también una inversión económica considerable, especialmente tratándose de un híbrido estéril cuya reproducción no podía garantizarse sin nuevas cruzas deliberadas.
Mulas, fenicios y redes de intercambio
La presencia de una mula en un contexto arqueológico tan temprano plantea interrogantes sobre el origen del conocimiento técnico necesario para su cría. En la península ibérica, la introducción masiva del asno doméstico se asocia a las redes comerciales fenicias en activo a partir del siglo VIII a. C. El hallazgo de Hort d’en Grimau refuerza la hipótesis de que estos contactos facilitaron el intercambio tanto de bienes como de saberes zootécnicos. Aunque no puede determinarse con certeza si la mula se crió localmente o se importó, la coexistencia de caballos y asnos en el territorio hacía viable la producción local de híbridos en un contexto de innovación y de contacto cultural.

Significado social y funerario del hallazgo
La deposición conjunta de una mujer y una mula en un silo constituye un gesto funerario cargado de simbolismo. A diferencia de los enterramientos ecuestres masculinos asociados a la élite guerrera en épocas posteriores, este caso sugiere una relación distinta entre género, animales y estatus social en la Primera Edad del Hierro.
La reiteración de enterramientos similares en el noreste peninsular, algunos de ellos también vinculados a mujeres, apunta a prácticas rituales locales específicas. Los estudiosos sugieren que estos comportamientos funerarios pudieron nacer de las influencias mediterráneas, pero reinterpretados en clave indígena.
Un hito para la arqueozoología europea
El estudio de la mula de Hort d’en Grimau redefine el marco cronológico de la hibridación equina en Europa occidental. Demuestra que las comunidades protohistóricas ibéricas ya poseían los conocimientos técnicos, los recursos y las motivaciones sociales necesarios para criar animales híbridos complejos mucho antes de la expansión romana.
Referencias
- Albizuri, S. et al. 2026. “The oldest mule in the western Mediterranean. The case of the Early Iron Age in Hort d’en Grimau (Penedès, Barcelona, Spain)”. Journal of Archaeological Science: Reports, 69: 105506. DOI: https://doi.org/10.1016/j.jasrep.2025.105506
Cortesía de Muy Interesante
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