Situado en la llanura de Peshdar, en la actual Región Autónoma del Kurdistán iraquí, el yacimiento de Gird-i Bazar ha revelado uno de los conjuntos arqueológicos más singulares del Próximo Oriente para el estudio de la producción cerámica en la Edad del Hierro. Las excavaciones han permitido identificar un taller alfarero plenamente funcional datado entre aproximadamente 1200 y 800 a. C. Este descubrimiento se enmarca en el denominado Complejo de Asentamientos de Dinka, un núcleo urbano que aporta información inédita sobre la organización económica y artesanal de estas comunidades.
A diferencia de otros yacimientos donde los hornos aparecen de forma aislada o fragmentaria, Gird-i Bazar ofrece la oportunidad excepcional de estudiar en su conjunto las instalaciones de cocción, los restos cerámicos y los espacios de trabajo asociados. Un grupo de investigadores ha publicado los resultados de esta rompedora investigación en Journal of Archaeological Science.
El Complejo de Dinka y la primera ciudad excavada del Hierro en los Zagros
El Complejo de Asentamientos de Dinka ocupa unas 60 hectáreas e incluye una ciudad alta, centrada en Qalat-i Dinka, y una ciudad baja que se extiende hacia el norte y el noreste, donde se localiza Gird-i Bazar. Se trata del primer asentamiento urbano de la Edad del Hierro excavado de forma extensiva en la región de los Zagros.
Las excavaciones, que se han desarrollado durante varias campañas desde 2015, han sacado a la luz edificios de piedra, espacios abiertos, zonas de trabajo y una notable concentración de evidencias de producción cerámica. La datación por radiocarbono de los niveles de ocupación confirma una ocupación continua entre los siglos XII y IX a. C., sin indicios de destrucción violenta.

Un taller alfarero integrado en el entramado urbano
En el sector occidental de Gird-i Bazar se ha identificado un área compuesta por varios edificios, patios y espacios abiertos. La distribución de herramientas de alisado y bruñido, junto con la presencia de dos hornos de tiro vertical, apunta a que se trataba de un taller cerámico destinado a la producción alfarera especializada.
La distribución de los espacios del taller se corresponde con una división de las funciones productivas. Los arqueólogos han identificado zonas para el modelado de las vasijas, áreas cercanas a pozos que permitían el acceso al agua y superficies pavimentadas destinadas a las fases finales de acabado. Esta organización espacial sugiere, por tanto, una planificación consciente del trabajo artesanal y de los espacios necesarios para realizarlo de manera eficiente.

Hornos de tiro vertical y tradición tecnológica regional
El taller de Gird-i Bazar contaba al menos con dos hornos de tiro vertical, una tipología ampliamente documentada en el Próximo Oriente desde el VII milenio a. C. Estos hornos constaban de una cámara de combustión inferior y una cámara de cocción superior, separadas por un suelo perforado. Este diseño permitía un control eficaz del flujo de calor.
Uno de los hornos alcanzaba aproximadamente dos metros de diámetro, mientras que el segundo era de menores dimensiones, en torno a un metro. Ambos presentan evidencias claras de haber sido expuestos a altas temperaturas, como la alteración cromática de los revestimientos de arcilla y la presencia de fragmentos de suelos perforados.

Arcillas locales y mecanismos de control de las materias primas
El análisis petrográfico y mineralógico de las cerámicas y de los revestimientos de los hornos demuestra que los alfareros de Gird-i Bazar utilizaron arcillas locales, disponibles en el entorno inmediato del asentamiento. Estas arcillas contenían minerales como cuarzo, feldespatos, calcita y diversos filosilicatos, lo que condicionó tanto las técnicas de preparación de la pasta como los procesos de cocción. Las variaciones observadas en la composición de las pastas cerámicas reflejan distintas cadenas operativas asociadas a formas y funciones específicas, como cuencos carenados, ollas de cocina, jarras y recipientes de almacenamiento.
Temperaturas moderadas y atmósferas de cocción controladas
Los análisis mediante difracción de rayos X, espectroscopía infrarroja y microscopía electrónica de barrido, por su parte, han permitido reconstruir las condiciones de cocción. La mayor parte de las vasijas se cocieron a temperaturas inferiores a 900 °C (entre 500 y 800 °C).
La escasa vitrificación observada en la mayoría de las cerámicas sugiere calentamientos progresivos y tiempos de permanencia relativamente cortos en el horno. La ausencia de minerales de alta temperatura, como la mullita o la gehlenita, además, confirma que no se alcanzaron valores extremos. Todo ello concuerda tanto con el tipo de hornos documentado como con una producción orientada a la eficiencia y al ahorro de combustible.
El estudio micromorfológico y de microrrestos del relleno de los hornos, por otro lado, indica que la leña fue, probablemente, el principal combustible empleado en el taller, a diferencia de otros contextos donde se documenta el uso de estiércol animal. La escasa presencia de fitolitos y la ausencia casi total de esferulitas refuerzan esta interpretación.

Una producción especializada
El conjunto de evidencias apunta a que la producción cerámica especializada se integró en el entramado urbano del Complejo de Dinka. La estandarización de las prácticas de cocción y la coexistencia de distintas cadenas operativas dentro de un mismo taller sugieren una coordinación supradoméstica, posiblemente bajo algún tipo de control centralizado.
Este modelo implica la existencia de artesanos especializados, una gestión colectiva de los hornos y el combustible, y una producción que probablemente abastecía una zona geográfica amplia. Gird-i Bazar se perfila así como un centro clave para comprender la complejidad socioeconómica de la Edad del Hierro en los Zagros.

El abandono progresivo del taller
El análisis estratigráfico de los rellenos de los hornos muestra un proceso de abandono gradual, marcado por los derrumbes parciales, la acumulación de sedimentos y los episodios de encharcamiento. Los hornos dejaron de utilizarse antes del abandono definitivo del asentamiento. Sus superestructuras se desmontaron o colapsaron de forma natural. Siglos después, el área se reutilizó como necrópolis durante el periodo sasánida. Para entonces, las instalaciones alfareras ya no eran visibles en la superficie.
Un hallazgo excepcional en el Kurdistán iraquí
La combinación de evidencias arquitectónicas y analíticas permite reconstruir con gran detalle las prácticas tecnológicas de los alfareros de hace tres milenios, así como su integración en un entorno urbano planificado. El taller alfarero de Gird-i Bazar constituye, así, una de las evidencias más completas y mejor documentadas de la producción cerámica en la Edad del Hierro del Próximo Oriente. Este hallazgo obliga a reconsiderar el grado de organización económica y de planificación urbana en los Zagros occidentales durante el primer milenio antes de nuestra era.
Referencias
- Amicone, S. et al. 2025. “Assembling the puzzle pieces: Integrating pottery and kiln analysis to reconstruct pyrotechnology at the Dinka Settlement Complex (Iraqi Kurdistan)”. Journal of Archaeological Science. DOI: https://doi.org/10.1016/j.jas.2025.106425
Cortesía de Muy Interesante
Dejanos un comentario: