Los inversionistas internacionales siguen de cerca las consecuencias de la operación militar estadounidense del 3 de enero, que derivó en la captura del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, hoy imputados en Nueva York por cargos de narcoterrorismo, de los que se declararon inocentes.
El episodio introdujo un nuevo nivel de incertidumbre política, operativa y económica. Mientras la vicepresidenta Delcy Rodríguez exigió la liberación inmediata del mandatario, el presidente Donald Trump aseguró que Estados Unidos “gestionará” Venezuela y avanzará en la reparación de su infraestructura petrolera.
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“Esto representa una intervención estadounidense significativa y es probable que gran parte de su impacto se manifieste con el tiempo, dada la alta incertidumbre política y operativa”, advirtió Simon Waever, director global de Estrategia de Crédito Soberano y Renta Fija para América Latina en Mercados Emergentes de Morgan Stanley.
Morgan Stanley y Wells Fargo coinciden en que el mercado de deuda es el que ya refleja con mayor claridad el cambio de escenario. Los bonos soberanos de Venezuela y los títulos de PDVSA —ambos en default— extendieron su repunte, tras las fuertes ganancias registradas a finales de 2025.
Según Wells Fargo, la deuda venezolana casi duplicó su valor en los últimos 12 meses, un desempeño que responde a que los inversionistas comenzaron a descontar un eventual cambio de régimen.
“El grado de sobreperformance de los activos venezolanos refleja una mayor confianza en un giro político”, señaló la entidad.
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Morgan Stanley agregó que la rapidez con la que se produjo la captura de Maduro redujo la probabilidad de escenarios más desordenados o de conflictos prolongados.
“De cara al futuro, el factor determinante probablemente será hasta qué punto las autoridades venezolanas restantes cumplan con las exigencias de Estados Unidos y faciliten una transición ordenada”, explicó Waever.
Ambos bancos descartan, por ahora, un contagio amplio en América Latina. No obstante, anticipan una mayor diferenciación entre países, favoreciendo a aquellos con vínculos más estrechos con Estados Unidos, en un año marcado por elecciones en Brasil, Colombia, Costa Rica, Haití y Perú.
En el mercado energético, la lectura es más cautelosa. Los precios del petróleo subieron en la primera jornada bursátil tras la intervención, reflejando el temor a interrupciones temporales de la producción venezolana.
Venezuela posee las mayores reservas de crudo del mundo, pero es el menor productor entre los 10 países con mayores reservas, debido a años de ineficiencia, falta de inversión y sanciones internacionales.
“La agitación política podría provocar pérdidas adicionales de producción a corto plazo. Sin embargo, el mercado petrolero global parece bien abastecido y podría absorber estos riesgos sin un impacto excesivo en los precios”, señaló Martijn Rats, estratega global de materias primas de Morgan Stanley.
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A mediano plazo, un gobierno estable que normalice relaciones con Estados Unidos podría atraer inversión y elevar la producción, lo que presionaría a la baja los precios internacionales, afirmó el banco.
La entidad mantiene una perspectiva cautelosa y prevé que el Brent caiga hacia los 50 dólares en los próximos meses, escenario que podría reforzarse con una mayor oferta venezolana.
Este contexto tendría efectos mixtos: impacto negativo para grandes productores, beneficios para refinerías estadounidenses por mayor acceso a crudo pesado venezolano y mayor competencia para productores canadienses.
La situación también podría poner a prueba el papel del dólar estadounidense como activo refugio, especialmente en un entorno de volatilidad del petróleo y de flexibilización monetaria por parte de la Reserva Federal.
“La convicción de los inversionistas sobre el dólar es baja. Por ello, la reacción de la moneda a eventos geopolíticos clave puede construir una narrativa de mercado y generar movimientos sostenibles en los precios”, señaló David Adams, director de Estrategia de Divisas del G10 de Morgan Stanley.
En un contexto de mayor incertidumbre geopolítica, Morgan Stanley considera que el oro mantiene su atractivo como activo refugio. Además, una eventual escalada y mayores niveles de gasto público podrían beneficiar a las acciones del sector defensa en Estados Unidos y Europa.
Wells Fargo, por su parte, advierte que América Latina ya muestra una división más marcada entre países alineados con Estados Unidos y aquellos más cercanos a China, una fractura que podría profundizarse.
Aun así, el banco considera que Venezuela seguirá siendo un caso excepcional y que, pese a la incertidumbre prolongada, la tendencia general de reducción del riesgo político en la región debería mantenerse.
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En conjunto, ambas entidades coinciden en que Venezuela vuelve a ocupar un lugar relevante en el radar de Wall Street, con efectos claros sobre la deuda, un impacto contenido en el petróleo y un debate abierto sobre divisas y refugios. Sin embargo, subrayan que se trata de un evento focalizado, más político-financiero que sistémico, cuyos efectos se desplegarán de forma gradual en los mercados globales.
Cortesía de El Colombiano
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