Las fuertes ráfagas de viento registradas la mañana de este miércoles provocaron la caída del pino navideño instalado en la plaza principal de la ciudad.
La estructura, cuyo costo fue estimado en alrededor de dos millones de pesos, se vino abajo ante la mirada atónita de peatones que transitaban por la zona en ese momento. De inmediato, elementos de Tránsito y Vialidad acordonaron el área para evitar riesgos, mientras personal comenzó con las labores de retiro de las piezas. Autoridades informaron que no se reportaron personas lesionadas, ya que el pino se encontraba dentro de un perímetro previamente delimitado.

Tras el incidente, en redes sociales circularon diversos comentarios críticos por el costo de la instalación y su corta duración, entre ellos mensajes como: “Pues no que muy costoso y ni sirvió, qué poco les duró el gusto”, así como señalamientos sobre un posible gasto adicional para reponer la estructura. Hasta el momento, no se ha emitido un posicionamiento oficial sobre si el pino será reinstalado o reemplazado.
Un origen con varias aristas
El uso del pino como símbolo central de la Navidad tiene raíces históricas, religiosas y culturales que se remontan a siglos atrás, especialmente en Europa, su adopción no fue casual, sino el resultado de la combinación de antiguas creencias paganas y tradiciones cristianas.

Desde tiempos precristianos, los pueblos del norte de Europa veneraban los árboles perennes, como el pino, el abeto o el ciprés, porque permanecían verdes durante el invierno, cuando la mayoría de la vegetación moría, para estas culturas, el color verde simbolizaba la vida, la esperanza y la renovación en medio de la oscuridad y el frío, durante el solsticio de invierno, se decoraban ramas de árboles perennes como un rito para invocar el regreso del sol y la prosperidad.
Todo surge en tierras bávaras
Con la expansión del cristianismo, muchas de estas prácticas fueron reinterpretadas y adaptadas. En el siglo XVI, en Alemania, surgió la tradición del árbol de Navidad tal como se conoce hoy, se cuenta que Martín Lutero fue uno de los primeros en colocar velas en un pino para representar las estrellas que brillaban en el cielo nocturno, asociándolo con el nacimiento de Jesús, el árbol comenzó a simbolizar la vida eterna y la luz de Cristo.
El pino también adquirió un significado bíblico, su forma triangular fue interpretada como una representación de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Además, al ser un árbol siempre verde, se convirtió en un símbolo de la promesa de salvación y de la vida que no termina. Con el paso del tiempo, la costumbre se extendió a otros países de Europa y, posteriormente, a América, especialmente en el siglo XIX, la popularización del árbol de Navidad se vio impulsada por la realeza europea y, más adelante, por los medios de comunicación y la cultura comercial.
Hoy en día, el pino navideño representa unión familiar, esperanza y celebración. Más allá de su origen religioso, se ha convertido en un símbolo universal de la Navidad, capaz de reunir a personas de distintas culturas y creencias alrededor de una tradición que evoca luz, vida y alegría en el cierre del año.
Cortesía de El Heraldo de México
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