
Bajo la nueva configuración de los poderes hegemónicos en la actual crisis capitalista internacional, me temo que México ha quedado condenado a vivir bajo el yugo del trumpismo. El trumpismo, como han explicado algunos analistas, no es sólo la persona del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sino la expresión de un bloque de poder político, financiero y militar que ante el ascenso de otras potencias que aspiran a la hegemonía, ha decidido reafirmarse en su área de influencia proclamado a toda América, como su hemisferio.
Como escribió el profesor de la Universidad de California en Santa Bárbara, William I: Robinson: “La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos para 2025 evocó un Corolario Trump a la Doctrina Monroe para priorizar el dominio de los sectores tecnológico y financiero, redirigiendo la presencia militar estadounidense hacia el hemisferio occidental, ampliando el acceso a recursos críticos y respaldando regímenes alineados con la agenda trumpista”.
Si hasta antes de la invasión a Venezuela había cierto optimismo de que el Estado mexicano tenía cierto margen para lidiar con las políticas erráticas y caprichosas de Donald Trump, ahora creo que el panorama más claro que le queda al Gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo es de total subordinación hacia los designios del Gobierno estadounidense y una total rendición a todas sus exigencias y condiciones, entre ellas la participación de tropas norteamericanas en suelo mexicano, con la anuencia o no del Gobierno.
La relación de México frente a Estados Unidos ha cambiado radicalmente en el primer año de la segunda presidencia de Donald Trump. Y si bien se consideraba que la Presidenta Claudia Sheinbaum parecía que estaba lidiando con relativo éxito ante los caprichos del inquilino de la Casa Blanca, tras la invasión a Venezuela el panorama parece distinto: subordinación total, no márgenes para negociar.
Como se sabe, tras la invasión a Venezuela y el secuestro de su presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, Trump dijo que podía haber otras incursiones terrestres en otros países como Colombia y México. La amenaza a Colombia derivó en una larga llamada entre los presidentes Gustavo Petro y Donald Trump y el acuerdo de que el mandatario colombiano visitaría al estadounidense en la capital imperial, Washington, próximamente.
En el caso mexicano, la alarma se encendió en Palacio Nacional por lo que la Presidenta Sheinbaum pidió al embajador de Estados Unidos que gestionara una llamada entre la mandataria mexicana y Trump. La llamada, como se sabe, se llevó a cabo el pasado lunes 12 de enero y tras la conversación Sheinbaum salió a declarar que “no habría intervención” de fuerzas armadas de Estados Unidos en México para atacar posiciones de los cárteles de la droga.
Pero no ha pasado una semana desde esa llamada cuando desde el norte vienen más presiones. Por un lado, el diario New York Times sostuvo que el Gobierno de Trump está presionando al Gobierno mexicano para que acepten a tropas estadounidenses en suelo nacional. Segundo, tras llamadas entre el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio y el secretario de Exteriores de México, Juan Ramón de la Fuente, emitieron un comunicado conjunto con lenguaje diplomático donde acordaban mayor cooperación en temas de seguridad fronteriza. Pero al mismo tiempo, el Departamento de Estado emitió un comunicado con un tono menos diplomático y más exigente en el que solicitaba a la administración de Sheinbaum resultados “concretos y verificables” en materia de seguridad y que considera inaceptable “el avance gradual” frente a problemas en la frontera.
Por si fuera poco, ayer viernes “la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos alertó a las aerolíneas sobre posibles actividades militares e interferencias en el Sistema Global de Navegación por Satélite al volar sobre México, Centroamérica y partes de América del Sur” (Reuters). ¿Se trata de un aviso de que habrá operaciones de fuerzas armadas de Estados Unidos en México pronto?
No lo sabemos a ciencia cierta, pero lo que sabemos es que el Gobierno de Trump está presionando cada vez más y el margen de negociación se estrecha hasta casi quedar reducido. Es la nueva política imperialista de un presidente que gobierna la nación más poderosa del mundo como gánster, según definió el analista español Amador Fernández-Savater: “No importa la ideología: cuídame este negocio de petróleo y te daré amparo frente a las otras bandas. No importa el sentido: no se trata de persuadir o seducir, sino de que sientas la fuerza detrás de mis palabras y tu miedo”. Así es vivir bajo el yugo del trumpismo.
Cortesía de El Informador
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