La arqueología de la infancia se ha consolidado en la última década como un campo clave para comprender las sociedades antiguas desde nuevas perspectivas. Como sucede en el presente, el estudio de los juguetes y del juego constituye un mecanismo de gran valía para aproximarse a los procesos de socialización, aprendizaje y transmisión cultural. Sin embargo, en el ámbito fenicio-púnico, estas cuestiones habían recibido una atención limitada, condicionada por la escasez de fuentes textuales y la naturaleza fragmentaria del registro arqueológico.
El reciente trabajo de la investigadora Aurora Rivera-Hernández supone un avance decisivo en esta línea de investigación. A partir del análisis de distintos objetos que pudieron desempeñar funciones lúdicas entre los siglos VI y II a. C., el estudio reconstruye las experiencias infantiles en Puig des Molins, en Ibiza, una de las principales comunidades fenicio-púnicas del Mediterráneo occidental.
El juego como práctica social en el mundo fenicio-púnico
El juego fue una actividad cotidiana en la Antigüedad. Aunque presente a lo largo de todo el ciclo vital, se vuelve especialmente significativo durante la infancia, ese momento en el que se sientan las bases de los adultos que seremos en el futuro. El estudio de Rivera-Hernández parte de la premisa de que los juguetes son artefactos cargados de significados sociales, educativos, simbólicos e incluso religiosos.
En el mundo fenicio-púnico, resulta extremadamente complejo documentar el juego a través del análisis de un vocabulario específico o de representaciones iconográficas claras. Esta ausencia obliga a los investigadores a adoptar criterios metodológicos más flexibles, basados en las características físicas de los objetos (su tamaño, peso, material, color y capacidad de producir sonido o movimiento), así como en su asociación contextual con los enterramientos infantiles. Es el análisis arqueológico, por tanto, el que permite rastrear la agencia infantil en espacios donde tradicionalmente se había ignorado.

La necrópolis de Puig des Molins: contexto y limitaciones del registro
Puig des Molins fue el principal cementerio de la ciudad de Ibiza desde la época fenicia hasta la Antigüedad tardía. Situado en un cerro calcáreo frente al núcleo urbano del Puig de Vila, este espacio funerario mantuvo una relación visual y simbólica constante con la ciudad de los vivos. La necrópolis refleja, por tanto, no solo las prácticas funerarias comunitarias, sino también aspectos esenciales sobre la vida, la muerte y las edades del individuo.
Las primeras excavaciones en el yacimiento, iniciadas a comienzos del siglo XX, prestaron una atención limitada al registro antropológico. Aunque esto ha provocado que, en muchos casos, resulte imposible identificar con precisión la edad o el sexo de los individuos enterrados, las características intrínsecas de determinados objetos funerarios han permitido plantear hipótesis sólidas sobre su posible uso infantil, así como sobre las etapas del desarrollo a las que estuvieron asociados.

Carritos y sonajeros: estimular el cuerpo y los sentidos
Entre los objetos vinculados a la primera infancia, destacan los carritos y los sonajeros. Probablemente, estaban destinados a estimular las capacidades sensoriales y motoras de los niños menores de cuatro años.
Un ejemplo especialmente significativo lo ofrece un askós (un tipo de recipiente cerámico) zoomorfo que se modificó para que pudiera usarse como carrito. Según la autora del estudio, la adaptación técnica del recipiente revela una concepción consciente del objeto como juguete desde su fabricación.
Junto a estos carritos, se documentan campanitas y colgantes de tipo jaula que contenían pequeñas bolitas metálicas. Su capacidad de producir sonido, combinada con su tamaño reducido y su asociación con los enterramientos infantiles, apunta a un uso lúdico. Estos objetos no solo habrían entretenido a los niños, sino que también habrían desempeñado funciones protectoras y educativas.
Objetos sonoros, protección y control
Los sonajeros del Puig des Molins presentan una notable multifuncionalidad. Además de estimular el oído y el movimiento, su sonido pudo desempeñar un papel apotropaico para proteger a los infantes de peligros físicos o espirituales. La dimensión protectora del juguete refleja la especial vulnerabilidad atribuida a la infancia en las sociedades antiguas.
Asimismo, el tintineo de estos objetos facilitaba el control de los infantes por parte de sus cuidadores, quienes podían localizarlos con mayor facilidad en los espacios domésticos o al aire libre. Tampoco puede descartarse que se usaran en contextos afectivos, como en el acompañamiento de canciones de cuna.

Amuletos, ornamentos y narración simbólica
Aunque los collares, las cuentas, los amuletos y los pequeños ornamentos no se concebieron originalmente como juguetes, Rivera-Hernández apunta que pudieron adquirir funciones lúdicas en manos infantiles. Sus colores brillantes, los reflejos de luz sobre su superficie y los sonidos que emitían al agitarlos los convertían en estímulos sensoriales atractivos, susceptibles de ser manipulados y reinterpretados durante el juego.
Además, muchos de estos objetos incorporaban figuras reconocibles, lo que abre la posibilidad de que se utilizaran como soportes narrativos para contar historias. A través de ellos, los adultos pudieron transmitir relatos, valores y creencias e integrar así el juego en la socialización religiosa y cultural desde edades tempranas.

Figurillas de animales: entre el juego y el aprendizaje
Las figurillas zoomorfas de terracota constituyen uno de los conjuntos más sugerentes del Puig des Molins. Peces, aves y otras formas marinas, todas ellas perforadas para poder colgarlas, sugieren la existencia de móviles destinados a entretener a los niños. Estas figurillas pudieron cumplir múltiples funciones al mismo tiempo: juguetes, representaciones simbólicas, sustitutos de animales reales o instrumentos de aprendizaje sobre el entorno natural y económico. En una comunidad insular como la ibicenca, familiarizar a los niños con la fauna marina desde el juego adquiere un significado particularmente relevante.
Miniaturas cerámicas: aprender imitando a los adultos
Las miniaturas cerámicas halladas en la necrópolis reproducen a pequeña escala recipientes y utensilios de uso cotidiano. Como sucede con los juguetes contemporáneos, estos objetos permitían a los niños imitar las actividades de los adultos e interiorizar, a través del juego,los roles sociales y económicos del grupo. Algunas miniaturas representan incluso embarcaciones, lo que sugiere una familiarización temprana con la navegación y el mundo marítimo.

Los juguetes como clave para entender la infancia púnica
El estudio de los juguetes del Puig des Molins demuestra que la infancia ocupó un lugar significativo en las sociedades fenicio-púnicas. Los juguetes fueron tanto objetos de entretenimiento como instrumentos fundamentales de socialización, protección y aprendizaje.
A través de los carritos, los sonajeros, los amuletos, las figurillas y las miniaturas, los niños participaron de forma activa en la reproducción cultural de su comunidad. El trabajo de Aurora Rivera-Hernández, por tanto, no solo recupera estas experiencias infantiles, sino que abre nuevas vías de estudio para integrar la infancia en la interpretación arqueológica del Mediterráneo antiguo.
Referencias
- Rivera-Hernández, A. 2024. “Crecer y aprender jugando. Los juguetes y el juego en la necrópolis del Puig des Molins (Ibiza)”, en B. Costa, J. Ramon, M. Bofill, A. Mezquida y H. Jiménez (eds.), Actas del X Congreso Internacional de Estudios Fenicios y Púnicos, pp. 592–605. Ministerio de Cultura.
Cortesía de Muy Interesante
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