Un marchante compró un retrato anónimo por una corazonada y descubrió una imagen oculta al girarlo 180 grados que podría ser de Rubens

Durante siglos, la historia del arte ha estado salpicada de hallazgos inesperados. Obras maestras perdidas, falsificaciones confundidas con originales y estudios preparatorios que resurgen en los rincones menos pensados del mercado. Pero pocas veces un descubrimiento combina misterio visual, intriga histórica y una posible autoría de uno de los grandes maestros del Barroco flamenco como este: un retrato que, al girarlo 180 grados, revela un segundo rostro oculto entre la barba del personaje principal. Y más sorprendente aún: podría tratarse de un estudio original del mismísimo Peter Paul Rubens.

La historia comienza como tantas otras en el mercado del arte: con una subasta discreta y una intuición afilada. Un marchante belga, habitual en este tipo de operaciones, se cruzó con un estudio en óleo sobre papel, sin fecha ni firma, catalogado simplemente como una obra de escuela flamenca anónima. A primera vista, parecía un retrato típico del siglo XVII: un anciano calvo, con barba espesa y rostro inclinado en actitud pensativa. Pero había algo en los trazos, en el juego de luces, en la calidad del rostro, que hizo saltar una chispa en el ojo entrenado del coleccionista.

Lo que ocurrió después roza el relato detectivesco: el marchante, apasionado estudioso de Rubens, comenzó a comparar el retrato con otros conocidos del pintor flamenco. Y no tardó en notar una similitud casi milimétrica con el apóstol Tomás en la famosa serie de los Doce Apóstoles que Rubens pintó hacia 1612 por encargo del duque de Lerma. Mismo gesto, misma caída de ojos, misma barba en cascada. Aquel estudio, comprado por poco más de 100.000 dólares, podía ser más que un simple retrato: podía ser un prototipo perdido.

Un retrato con dos almas

Lo que realmente disparó el interés de los expertos fue un detalle insólito que no figuraba en el catálogo de la subasta. Al girar el cuadro, apareció un segundo rostro, perfectamente integrado en el trazado de la barba del anciano. Se trataba del rostro de una joven, con facciones suaves y una corona de trenzas, oculto como un susurro entre los remolinos de pintura. La imagen no parece intencionada como una ilusión óptica en el sentido moderno del término, sino más bien como un rastro de una composición anterior. Todo indica que el soporte fue reutilizado.

Esta reutilización no es inusual en los talleres del siglo XVII, donde el papel y los materiales eran valiosos. Pero en este caso, el doble rostro adquiere una dimensión casi simbólica: un diálogo visual entre juventud y vejez, entre lo oculto y lo revelado, entre el boceto desechado y la idea definitiva. Que este juego visual pudiera estar vinculado a Rubens ha fascinado tanto a historiadores del arte como a amantes del misterio.

El retrato del anciano fue realizado sobre una hoja de papel reutilizada, y al girar la obra, emerge entre los trazos de la barba la silueta apenas visible de una cabeza femenina, como un eco oculto bajo la superficie original
El retrato del anciano fue realizado sobre una hoja de papel reutilizada, y al girar la obra, emerge entre los trazos de la barba la silueta apenas visible de una cabeza femenina, como un eco oculto bajo la superficie original. Fuente: Klaas Muller/Brafa Art Fair

Varios expertos han valorado la pieza, y aunque ninguno ha podido aún certificar de forma concluyente que se trata de un Rubens auténtico, muchos coinciden en que la calidad técnica es sobresaliente y muy cercana a la del maestro flamenco. Uno de los más prestigiosos historiadores del artista, antiguo director de la casa-museo Rubens en Amberes, ha sugerido que podría tratarse del estudio perdido de un modelo que Rubens utilizó en múltiples obras. Y es que ese anciano con barba no aparece solo en el cuadro de Santo Tomás: también figura como Rey Melchor de la Adoración de los Reyes Magos, en el San Amandus de La elevación de la cruz, e incluso entre los personajes secundarios de otras obras del artista.

Un rostro que viaja entre obras maestras

En el taller de Rubens, las cabezas de estudio eran una herramienta esencial para poblar grandes composiciones religiosas y mitológicas. El artista, influenciado por la tradición italiana, acumulaba fisonomías y expresiones que luego reutilizaba en distintos contextos. Esta práctica le permitía dotar de coherencia a sus series temáticas, pero también revela una dimensión de trabajo meticuloso y profundamente humano. Y es que Rubens no improvisaba, sino que refinaba rostros, gestos y emociones hasta dar con el equilibrio perfecto entre espiritualidad y realismo.

El modelo del anciano barbado era, por tanto, un rostro comodín, una especie de arquetipo que Rubens moldeó a lo largo de varias obras. Lo que este hallazgo sugiere es que podríamos estar ante el origen de ese modelo, la fuente primera que sirvió de referencia para algunos de los cuadros más importantes del pintor. Y ese simple hecho, más allá de la autoría definitiva, otorga a la pieza un valor histórico y artístico incuestionable.

Además, la presencia de una figura femenina oculta bajo la pintura principal añade una capa extra de complejidad. ¿Fue un retrato anterior que el artista decidió cubrir? ¿Una exploración que no satisfizo al maestro y que quedó relegada bajo nuevas pinceladas? ¿O un gesto deliberado, cargado de simbolismo? Sea cual sea la respuesta, la pintura plantea preguntas que escapan a lo puramente técnico y tocan el alma del proceso creativo.

Santo Tomás. Peter Paul Rubens (1577–1640)
Santo Tomás. Peter Paul Rubens (1577–1640). Fuente: Wikimedia

Un destino aún incierto

Por ahora, el retrato sigue colgado en la casa del marchante que lo rescató del anonimato. Pero pronto será mostrado en una de las ferias de arte más prestigiosas de Europa, lo que podría abrir la puerta a nuevas valoraciones, exposiciones y tal vez —solo tal vez— a una atribución definitiva. Si finalmente se confirma que estamos ante un Rubens auténtico, el valor de mercado se dispararía hasta el millón de euros. Pero para muchos expertos, lo más importante no es el precio, sino el relato que la obra encierra.

Estamos ante una pintura que nos habla de la economía del taller barroco, del arte de reciclar materiales con ingenio, del uso repetido de modelos y rostros, y de un proceso creativo en constante evolución. Nos recuerda que el arte no siempre es lineal ni transparente, que a veces las grandes ideas se esconden bajo capas de experimentación, y que incluso un estudio olvidado puede contener más belleza y verdad que una obra acabada.

Este hallazgo, más allá de su posible firma, representa una ventana abierta al corazón del Barroco flamenco. Una obra modesta, comprada por intuición, que podría reescribir una parte del legado de Rubens y ofrecernos, entre barbas y sombras, un nuevo rostro de la historia del arte.

Cortesía de Muy Interesante



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