Daño Colateral

Por Horacio Rivera

Dos agentes de la embajada de Estados Unidos en México muertos, un operativo antidroga exitoso y una explicación muy poco convincente, vaticinan un nuevo desencuentro entre el gobierno mexicano y el gobierno gringo. Prueba de fuego para el nuevo canciller de Relaciones Exteriores

La noticia agarró mal parado al gobierno mexicano, el cual no termina de salir de una, cuando ya está metido en otra aún más complicada que la anterior. Ahora fueron dos agentes de la CIA, así como otros policías mexicanos, quienes murieron en Chihuahua luego de un operativo para desmantelar varios laboratorios de producción de metanfetamina, conocida como “cristal”, los cuales se supone pertenecían al cártel de Sinaloa. Las dudas saltan a los ojos. Dada la poca información ofrecida por el gobierno de Chihuahua, todo apunta a que los agentes de la CIA murieron cuando el vehículo en el que se movían por la sierra tarahumara cayó en un barranco y explotó. El percance tuvo lugar luego del operativo antidrogas. Y es ahí donde comienzan las suspicacias y las dudas. Cosas como cuál era el status de los agentes de la CIA en el país o por qué formaban parte del operativo. Es sabido que los agentes gringos que están en México realizan labores de inteligencia y suelen acompañar a la Marina y al Ejército en redadas. No participan directamente, sino como observadores, detrás de la línea de fuego. Y uno que es mal pensado, se pregunta muchas cosas como: ¿no los habrán emboscado? O, ¿no les habrán puesto una mina terrestre, como las que suelen explotar en Michoacán?

Si así hubiese sido, difícilmente nos enteraríamos de tal cosa por medio del gobierno mexicano. Es más probable que fuesen los gringos quienes soltaran la sopa, más allá de las maromas que el gobierno mexicano tuviera que inventarse para tapar el sol con un dedo. Y es que si lo ocurrido en Chihuahua fuese producto de un atentado o emboscada, el presidente Trump tendría un pretexto más, tanto para justificar la designación de los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas, como para combatirlos de manera frontal. Aquella idea de lanzar misiles o drones con explosivos en los patios de las casas de los mañosos cobraría más intensión que nunca. Y como si lo ocurrido no fuese suficiente para desatar una crisis diplomática entre México y Estados Unidos, ahí queda también el reciente viaje de la presidenta Sheinbaum a Barcelona, durante el fin de semana pasado, para reunirse en una cumbre (en defensa de la democracia) con los principales detractores de Donald Trump, al menos, en el continente americano. Están viendo y no ven.

Coincidencias

Habiendo muertos de por medio, el Congreso de Estados Unidos no va a tardar en levantar la voz. ¿Era necesario que dos de nuestros agentes murieran por la causa de un país ajeno? Sería uno de los primeros reproches que se escucharían en Washington. Y por supuesto, los bad hombres del narco volverían a ser los villanos de la interminable película. Tal vez tiene algo que ver lo ocurrido en Chihuahua la madrugada del sábado 18 de abril con el hecho de que al siguiente lunes amanecimos con la noticia de que Marco Rubio, Secretario de Estado de Estados Unidos, había restringido la visa de 75 personas que tienen vínculos familiares con gente del cártel de Sinaloa. 

La presidenta ya se quitó el golpe. De inmediato aclaró que ni ella ni su gabinete sabían de una colaboración directa entre el gobierno de Chihuahua gobernado por la panista Maru Campos y el personal de la embajada de Estados Unidos en México. Cosa que también ha corroborado el gobierno de Chihuahua. O se que en pocas palabras, la coordinación entre el gobierno federal y un estado gobernado por la oposición es inexistente. Al grado de que la presidenta, para no variar, no tenía noticia de que los gringos andaban en el jale con el gobierno de Chihuahua. Y pensar que durante meses Sheinbaum ha insistido con el discurso de que las agencias gringas sólo pueden compartir información, pero no actuar operativamente en territorio mexicano. Aunque hasta las piedras sepan que en México, por años, los agentes gringos han intervenido una y cien veces en distintos operativos contra la maña. 

Bendito fútbol

Así que si el nuevo canciller de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, buscaba probar que su designación en el puesto fue un acierto, éste es el momento de comenzar a demostrarlo. La tensión entre un país y otro va a aumentar. Se espera que muy pronto Trump lance su ofensiva de reproches y culpas contra el gobierno mexicano. Habrá que ver cómo sortea el nuevo secretario la tormenta que se avecina, en un momento en el que comenzará a negociarse entre gringos y mexicanos el T-MEC. Eso además de que estamos a sólo dos meses de que se inaugure la Copa de Mundo, la cual se jugará tanto en estadios de México como de Estados Unidos y Canadá. Omar García Harfuch, el súper policía consentido de gringos y mexicanos también tendría que salir a explicar algunas cosas, cómo aquello de que, según la Fiscalía de Chihuahua, los dos agentes de la CIA estaban en “un entrenamiento”. ¿Los estaban entrenando, o eran ellos quienes entrenaban a los policías mexicanos? Ahora que si como reza el discurso oficial, es verdad que el vehículo en el que iban los agentes de la CIA se accidentó y estalló en medio de la sierra de Chihuahua, es un tremendo golpe de mala suerte para los buenos y de extraordinaria buena suerte para los malandros, que sin quererlo, se libraron de varios que acababan de arruinarles el negocio. Las presiones se acumulan y los entuertos también. Más valdría que a la Selección le fuera bien en los partidos mundialistas que disputará con los flanecitos del Grupo A. Ayudaría en mucho al gobierno mexicano, en momentos en los que pareciera que todo está en su contra. 



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