Las Maromas de la Gober

Por Horacio Rivera

Vaya entuerto en el que se ha metido la Gobernadora de Chihuahua, Maru Campos. Tuvo la oportunidad de haber desactivado la bomba, pero se hizo del rogar y no le tomó la llamada a la presidenta. Pasó de ser perseguidora de mañosos a perfecta candidata para que le monten un juicio político. El poder es una tómbola

Esta vez la presidenta Sheinbaum se puso trucha y pilló a los panistas con los dedos de la mano en la puerta. A partir de lo ocurrido en la sierra de Chihuahua, donde como se sabe, murieron dos agentes de la CIA en un accidente automovilístico, luego del desmantelamiento de un narco laboratorio, la presidenta vio la gran oportunidad de usar lo ocurrido para acalambrar a los panistas, con miras a arrebatarles el gobierno de Chihuahua en la próxima elección a gobernador en 2027. La reacción de la gobernadora Campos ante la acometida de la presidenta Sheinabum y todo el aparato político morenista, fue desafortunada. Cometió el error que suelen cometer los morenistas. Se dejó llevar por la soberbia. Ni siquiera le tomó la llamada a Sheinbaum cuando ésta la buscó para hablar de lo sucedido. Una conversación entre ambas pudo haber evitado que el lío se hiciera más gordo. Pudieron haber negociado. Pero en vez de eso, Campos aplicó el famoso ghosting. Luego  viajó hasta la Ciudad de México el jueves 23 para hablar con el Secretario de Seguridad, Omar García Harfuch. Prefirió hablar con los tigres antes que con el dueño del circo.

A partir del silencio de la gobernadora y de las garrafales contradicciones de su fiscal, la presidenta se atrincheró en su propia narrativa. Y de ahí nadie la movió. La narrativa de que ni el gobierno federal ni el Ejército tenían conocimiento de que en el operativo efectuado en la sierra tarahumara había también cuatro agentes de la CIA que acompañaban, tanto a soldados del Ejército, como a agentes de la Fiscalía de Chihuahua. Con Sheinbuam desmarcada del entuerto, toda la responsabilidad cayó en la gobernadora y su gabinete. Desde luego esa versión de que nadie sabía nada, deja a los militares muy mal parados, pues los hace ver como ineptos e ingenuos, por no llamarlos más feo. Los altos mandos del Ejército Mexicano no deben estar muy satisfechos con la postura presidencial. Pero eso es algo que a Sheinbaum no pareciera importarle mucho. Para ella es más importarle sacarle raja política al incidente. Y eso es algo que sabe hacer bien.  Tiene escuela.

En medio de la tormenta política y mediática, a la gobernadora no se le ocurrió nada mejor que inventarse una unidad de investigación para esclarecer los hechos de la sierra. ¿Para qué hizo eso? Tal vez para ganar tiempo, en lo que encontraba a quien echarle la culpa para cortarle la cabeza. No tuvo que buscar mucho. El más indicado, por supuesto, era el propio fiscal de Chihuahua, César Jáuregui. Su permanencia en el gobierno se hizo insostenible. Su cabeza rodó.

El mundo al revés

Claro que en un país donde el gobierno no está coludido con el narco, el golpe dado en la sierra de Chihuahua a la maña sería motivo de celebración para la clase política y para la población. Pero no en México. Aquí, al contrario de toda lógica, el gobierno está enfurecido porque la gobernadora les tiró el negocio. Y ahora tendrá que enfrentar las consecuencias. Por lo pronto, los morenistas y los medios ya se encargaron de difundir la noticia de que la gobernadora podría enfrentar juicio político, así como cargos por traición a la patria y hasta cuarenta años de cárcel. Permitir la entrada a agentes de la CIA sin el visto bueno del gobierno federal es una violación a la Ley de Seguridad Nacional. Vaya contradicción. Por un lado se acusa que la gobernadora atentó contra la soberanía del país, pero al mismo tiempo surge la duda: ¿el hecho de haberle asestado un duro golpe al narco, no le devuelve a México algo de la soberanía que la maña le ha arrebatado con la complacencia del propio gobierno? ¿Entonces la gobernadora traicionó a la patria o sólo cumplió con su deber? El fin justifica los medios, dirían algunos. 

Que siempre no

A la hora buena, al hora de la verdad, la gober se echó para atrás. Ya había dicho que aceptaría la invitación de los senadores para explicarles por qué los agentes gringos de la CIA andaban jalando con el Ejército y la Fiscalía Estatal de Chihuahua. Tenía cita en el Senado el pasado martes. No se presentó. Con una buena asesoría pudo salir bien librada. Sus detractores en el Senado arrastran una cola tan larga y, son tan embusteros, que no era difícil darles una lección. Pero prefirió no meterse en más broncas. De cualquier forma no da la impresión de que la presidenta vaya a aflojar. Ya dejó ver en su mañanera que la bronca con la gobernadora sigue. El panorama comenzaba a verse sombrío para imperio panista en Chihuahua.

Excepto por la aparición, casi peliculesca, de los gringos. Quienes, al tiempo que ocurría el entuerto, soltaron la noticia de que el gobierno de Trump piensa echar a andar una campaña anticorrupción contra los políticos mexicanos. Ya no basta con quitarles la visa. Ahora se ha vuelto casi personal. A su vez el embajador Ron Johnson dijo durante la gira que hizo a Sinaloa la semana pasada, que para que una inversión prospere, el sector privado necesita certeza, seguridad y un entorno libre de corrupción. Mandó el golpe directo a Palacio Nacional y, sin mencionarlo, le dio el espaldarazo a la gobernadora de Chihuahua por sus acciones en la sierra contra la maña. 

Ya viendo que la gobernadora Campos trae paro con los gringos, la presidenta ha tenido que bajarle el tono a sus dichos. Total, no es la primera vez que los gringos meten las narices en México. Y no será la última. De eso no cabe duda.



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