Por Horacio Rivera
Quién lo iba a decir. Luego del escándalo desatado por la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, a raíz de los dos agentes de la CIA que murieron en la sierra tarahumara la semana pasada, vendría un lío aun más gordo. Esta vez en Sinaloa
Como si se tratara de una venganza contra el Senado mexicano, el cual exigía la comparecencia de la gobernadora de Chihuahua, los gringos entraron al quite y oportunamente declararon que el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, ha sido acusado en la tremenda Corte federal de Nueva York, de tener vínculos con la maña. Y no sólo el gobernador, sino también otros tantos funcionarios de su gobierno, incluido el senador morenista, Enrique Inzunza. Una acusación de ese calibre, por supuesto implica la solicitud de extradición de los señalados a territorio estadounidense para ser enjuiciados por distintos cargos. Trágame tierra, debe de estarse lamentando más de uno.
Una vez atorado por los gringos, Rocha tuvo la puntada de decir que “Este ataque no es únicamente a mi persona, sino al movimiento de la 4T”. Nada más le faltó decir al gobernador que él es sólo la punta del iceberg, pero que hay muchos más del “movimiento” que ya están en capilla, como el senador Adán Augusto López, vinculado con “La Barredora” en Tabasco. No se puede decir que la presidenta Sheinbaum no ha hecho todo lo que ha estado en su mano para darle vida artificial al cadáver político de Rocha Moya, el cual comenzó a deteriorarse desde que se desencadenó la guerra entre La Chapiza y La Mayiza, hace casi dos años.
La extradiciòn
Por todos los medios Sheinbaum ha mantenido al gobernador en el cargo, aun a costa de la propia estabilidad del estado de Sinaloa. No iba a ser ella quien lo investigara y lo metiera a la cárcel. Los gringos sí. Pero una cosa es solicitar la extradición de Rocha y, otra muy distinta, es que el gobierno mexicano conceda dicha extradición. Podría pasar un largo tiempo antes de que eso ocurra. A menos de que Rocha sea expulsado del país, de la misma manera en la que han sido expulsados más de noventa reos a lo largo del año y medio que Sheinbaum lleva en la presidencia, los cuales purgaban condenas en cárceles mexicanas y sobre quienes pesan acusaciones en cortes estadounidenses. Sin juicio y sin defensa de por medio, los echaron y le dieron carpetazo al asunto. En el caso del “Maestro Rocha”, entrañable amigo de López Obrador y de la presidenta, se esperarían mayores consideraciones. Queda para la historia aquel 10 de agosto de 2024, cuando la presidenta Sheinbaun pronunció un febril discurso en Culiacán, donde dijo que el gobierno seguiría apoyando al gobernador Rocha y al pueblo de Sinaloa. En aquel entonces el grito del morenismo era “No estás solo”. Hoy en cambio, sòlo el senador Fernàndez Noroña saliò a cuadro para ofrecer un muy tibio respaldo al gobernador en desgracia. ¿Volverá a protegerlo la presidenta? Si por ella fuera, tal vez lo dejaría morir solo. Demasiados dolores de cabeza ya le ha dado. Pero, ¿se puede permitir ese lujo la presidenta? Extraditar a Rocha a Estados Unidos, equivale a enviarle a los gringos a un peso pesado. Alguien que le sabe el corrido, no sólo a Sheinbaum, sino a todo su gabinete, incluido el ex presidente López Obrador. Será por eso que una vez soltada la bomba, la Fiscalìa General de la Repùblica se apuró a decir que, según sus valoraciones, no existen elementos de prueba ni documentos que justifiquen la extradición de Rocha y su gente. Ah, caray. O sea que la Fiscalìa saliò a defender al gobernador sin siquiera conocer las pruebas que los gringos tienen en su contra. Esa defensa la deberìan estar haciendo los abogados de Rocha, no la Fiscalìa.
Dolor de cabeza
Acusar a Rocha de lo que lo acusan no es una ocurrencia de los gringos. Es producto de una investigaciòn y del visto bueno de una Corte a la que se le presentaron suficientes evidencias que hacen presumir que Rocha y “su gente” han sido còmplices de la maña en Sinaloa. Està de màs que el gobierno mexicano no encuentre elementos para extraditar a Rocha. Ya se sabe que los gringos poseen todos los medios para que, en el momento que así les convenga, vengan por èl y se lo lleven, igual que se llevaron al Mayo Zambada o al dictador venezolano, Nicolás Maduro. La presidenta Sheinbaum haría bien en renunciar a Rocha. Se ha vuelto insostenible, una piedra en el camino para el gobierno. Aquì ni siquiera aplica eso de darle al gober una embajada como premio. Ya con una orden de extradición a cuestas, ¿què paìs consentirìa en recibirlo en su territorio? Nadie quiere broncas con los gringos. Así que el gobierno mexicano tendrá que hacerse cargo del cadáver político del aún gobernador. Pero el muerto y el arrimado a los tres días fatigan.
Los sospechosos
Mientras la gobernadora de Chihuahua es señalada por el gobierno de traición a la patria, por haber cumplido con su obligación de perseguir a los mañosos con el apoyo de los gringos, el gobernador de Sinaloa, acusado de ser socio de narcotraficantes por parte de los gringos, es defendido por ese mismo gobierno. Quizà la cosa no serìa tan delicada si Rocha fuese el único gobernador “sospechoso”, pero hay varios más en la lista de los candidatos a una extradición all inclusive. Desde la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar, hasta el gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal, pasando por el ex gobernador de Chiapas, Rutilio Escandón. Sólo por nombrar a algunos. Sì, de pronto todas las calamidades parecieran caer sobre Palacio Nacional. Porque a la crisis con los gringos habrìa que sumar la detenciòn en Argentina del contralmirante de la Marina, Fernando Farìas. Y con ello la posibilidad de que, lejos de ser extraditado a Mèxico, Farìas termine siendo extraditado a Estados Unidos en calidad de testigo colaborador. Una raya màs al tigre. La cacerìa de narcopolìticos ha comenzado. A correr.
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