La América Fallida

Por Horacio Rivera

Si bien, la guerra librada entre estados Unidos e Irán ha resultado un fracaso para los gringos, en América Latina las cosas son muy distintas. En la mayor parte del continente americano el gobierno de Donald Trump y, sus agencias de inteligencia, han logrado en unos cuantos años que la derecha y la ultraderecha ganen elecciones y gobiernen en países donde la izquierda fue una esperanza fallida

Basta leer el memorándum de entendimiento que suscribieron gringos e iraníes para poner fin a una guerra de duró unos cuantos meses, para darse cuenta de que el gran ganador de dicha guerra fue el gobierno iraní, el cual comprobó que el estrecho de Ormuz es su arma secreta para doblegar a cualquiera, incluido a Washington. La guerra contra Irán le ha costado al gobierno gringo y, a los contribuyentes, un poco más de ciento veinte mil millones de dólares. Sin embargo, con todo y las maromas y los discursos del presidente Trump, los beneficios de tal gasto no se ven por ningún lado. En términos financieros se diría que el retorno de la inversión está muy lejos de comenzar.

Otros tantos miles de millones de dólares tendrá que invertir Estados Unidos en la reconstrucción de Venezuela, un país del que ahora son responsables, luego del derrocamiento del dictador Nicolás Maduro, perpetrado precisamente por los propios gringos. A partir de que descabezaron al gobierno socialista, Venezuela se convirtió en una especie de protectorado. Un protectorado que hoy atraviesa por una crisis humanitaria que nadie esperaba. En efecto, los gringos vieron la posibilidad de apropiarse y disponer del petróleo venezolano. Se vislumbraba como el gran negocio, hasta que dos terremotos ocurridos en el pasado 24 de junio devastaron Venezuela. Y ahora hay que entrarle con apoyo humanitario y recursos para levantar al socio en desgracia. Por supuesto que los gringos van a cobrar cualquier ayuda, por mínima que sea, el problema para ellos es que no saben cuándo. Primero habría que reparar la infraestructura dañada para poder vender el petróleo a precios competitivos. Otra inversión que tardará mucho en dar frutos. Por lo pronto el gobierno de Trump ya aprobó un fondo de 150 millones de dólares para labores de ayuda inmediata. Y lo que falta. También es cierto que la crisis venezolana es una coyuntura que sirve a los gringos para afianzar aun más su poder y dominio en América.

La fuerza de la derecha

Pero no todo son descalabros para el presidente gringo. Al menos en las arenas movedizas de la geopolítica le ha ido bastante bien. Hoy la derecha y la ultraderecha, estilo Trump, han vuelto al poder en la mayor parte del continente americano. Uno a uno, los candidatos de derecha respaldados por Estados Unidos han tomado el control. El caso más reciente es Colombia, cuyo gobierno socialista tardó menos de veinticuatro horas en reconocer el triunfo del candidato de la derecha, Abelardo de la Espriella, en la segunda vuelta presidencial. Quizá en otras circunstancias y en otros tiempos el actual presidente, Gustavo Petro, ex guerrillero del M-19 (Movimiento 19 de Abril), muy probablemente habría desconocido el triunfo de la oposición; sólo que esta vez los gringos presionaron y vigilaron el proceso electoral. En pocas palabras, metieron las narices en la elección. Una elección cerradísima, en la que la diferencia de votos entre el ganador y el perdedor fue de menos de uno por ciento. Eso sí, Gustavo Petro no dejó pasar de largo la oportunidad de maldecir y fustigar, tanto a Abelardo de la Espriella como a Donald Trump, pero al final no tuvo más remedio que tragar sapos y aceptar la derrota de Iván Cepeda, su candidato. Sin duda la campaña de la derecha internacional, comandada por Estados Unidos, de la que tanto se queja la izquierda mexicana, ha sido exitosa. Pero no por que la derecha tenga entre manos las grandes soluciones para los problemas de un continente hundido en la mediocridad, sino porque la izquierda latinoamericana no ha sabido gobernar. Y todo lo que ha tocado, lo ha hecho pedazos. Quizá uno de sus triunfos más amargos es haber divido y polarizado a las sociedades. 

México

La intervención de los gringos en la elección colombiana es un aviso, no de lo que podría ocurrir en las elecciones mexicanas de 2027, sino de lo que ocurrirá con toda certeza. Ya no importa que Trump pierda el Congreso en las próximas elecciones intermedias de Estados Unidos en noviembre de este año, la consigna es que, independientemente de qué partido tenga la mayoría en el Congreso, el gobierno gringo seguirá presionando para echar a la izquierda del poder en México. No sería raro que en el 2027 haya observadores gringos vigilando que el crimen organizado no se agandalle las elecciones en ciertos estados a favor de la Morena y sus candidatos. Tal y como se presume que ocurrió en Sinaloa durante la elección a gobernador de Rocha Moya. Más aun, si los gringos se deciden a apoyar la candidatura del dueño de TV Azteca, Ricardo Salinas Pliego, o de cualquier otro, para que se convierta en presidente de México, se puede tener la certeza de que harán todo lo que esté a su alcance para que eso ocurra. Sin importar qué tan legal o ilegal pudiera llegar a ser. Se acabaron las formas y las simulaciones de la diplomacia internacional. Hoy no hay elección en América Latina en la que no tengan que ver los gringos de alguna forma. Incluso la aún inexistente democracia cubana depende enteramente de Washington. Nos guste o no, a partir del rapto del dictador Nicolás Maduro, el tiro está cantado. Aquel presidente latinoamericano que caiga en la tentación de “hacerse hacia la izquierda” en contubernio con el narco, se está jugando la chamba y su propia libertad. Corre el peligro de ser derrocado y terminar refundido en alguna prisión de máxima seguridad. La izquierda tuvo su oportunidad en el intrincado laberinto de la democracia latinoamericana, sólo que ganaron la soberbia, la ineptitud y la corrupción.



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