Las bebidas energéticas no se consumen por placer. No se sirven en una copa de balón, con hielos y pajita, no se sorben con lentitud gozosa. En el imaginario colectivo, se toman directamente de la lata, frente al ordenador, mientras se hace otra cosa. Más que una bebida son una poción, un brebaje que promete convertirnos en una versión más rápida y eficiente de nosotros mismos. Tienen sabores químicos y nombres absurdos como Focuss Passionate, Absolutely Zero o Lando Norris Zero Sugar edición limitada dorada. Llevan años arrasando entre los
Fuente: El Pais (Paros). Nota agregada; el texto completo está en el medio original.
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