Cuando Kent Nagano (Berkeley, California, 74 años) les dijo a sus padres que quería dedicarse a la música no lo apoyaron. Extraña en quien tocaba el piano desde los cuatro años como parte de un programa educativo rigurosamente aplicado por su madre en casa. Pero, a la hora de la verdad, no vieron claro que siguiera esa vocación prendida con esfuerzo de manera vital. Por eso pensó durante un tiempo que podía buscar una alternativa en el mundo del derecho y la diplomacia. Finalmente, impuso su voluntad en el entorno estricto de un clan familiar japonés cuyos ancestros se habían instalado como granjeros a finales del siglo XIX en el oeste de Estados Unidos.
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