El rastro de un amonite —un molusco cefalópodo que vivió en la Tierra hace más de 400 millones de años— resalta entre los pisos de la estación Chilpancingo, en el Sistema de Transporte Colectivo STC (Metro) de la Ciudad de México.
La concha anaranjada y en espiral suele pasar desapercibida para las miles de personas que en el ajetreo diario usan este sistema. Pero este fósil no es el único. En las losetas de todas las estaciones hay una diversidad de vestigios: gasterópodos, rudistas, corales, bivalvos, entre otros.
En las profundidades de la ciudad, los viajeros que observan con mayor cuidado se detienen por un momento, toman una fotografía y la comparten en el grupo de Facebook especializado: “Fósiles del metro de la CDMX o escondidos por la ciudad”.
El grupo acumula más de 60,000 miembros y día con día recoge aportaciones de usuarios que generan conocimiento colectivo e identifican los restos, testigos silentes del paso de milenios.
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