Empiezo con algunas afirmaciones: primera, no tenemos (aún) a HAL 9000; segunda, no, la IA no se ha vuelto enemiga de la humanidad; tercera, en realidad, la desconfianza hacia la IA es una desconfianza hacia otros seres humanos; cuarto, mucha de la conversación detrás de este tema está soslayando que en buena medida se trata de negocios.
El desarrollo de la inteligencia artificial está en el centro de un debate que se ha salido del mundo empresarial y ahora tiene tintes políticos y hasta existenciales acerca del futuro de nuestra relación con esta tecnología. En medio de las voces alarmistas hay hechos recientes que se deben tomar en cuenta. Algunos incidentes señalan que sistemas avanzados de inteligencia artificial actuaron fuera de sus entornos controlados. Tanto OpenAI como Anthropic admitieron que sus modelos habían logrado romper las barreras de aislamiento en fases de prueba, interactuando sin autorización con servidores y sistemas informáticos reales de terceras empresas.
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