Los drones pasaron de ser una herramienta de las organizaciones criminales para transportar drogas o lanzar explosivos a ser su “ojo” en el cielo contra las fuerzas de seguridad.
En la frontera México-Estados Unidos se convirtieron en instrumentos de “contrainteligencia” cuya función es la de anticipar los movimientos de los cuerpos de seguridad, identificar sus posiciones y permitir a las organizaciones criminales mover rutas y horarios para mantener sus operaciones ilegales.
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