Hay una costumbre que millones de conductores con auto manual repiten cada vez que el semáforo cambia a rojo: primera velocidad puesta, freno presionado y el clutch hasta el fondo. Parece la forma más rápida de volver a avanzar cuando aparezca la luz verde, pero ese par de minutos de espera también tiene una consecuencia que no se nota desde el asiento del conductor.
El embrague existe para controlar la entrega de fuerza entre el motor y la transmisión. Al pisar el pedal, el disco se separa del volante de inercia; al soltarlo, ambos vuelven a entrar en contacto de forma progresiva hasta transmitir la potencia. Ese contacto es posible gracias a superficies de fricción y, como ocurre con otros componentes que trabajan de esa forma, existe un desgaste.
Juan José Ebenezer, mecánico y creador de contenido, señala que el error aparece cuando esa operación deja de ser momentánea y se convierte en la forma habitual de esperar en un…
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