¿A qué sabe el peligro? Cómo las papilas gustativas nos salvaron en la prehistoria y nos secuestran hoy

Imagina la escena. Paleolítico superior. Un ancestro tuyo camina por la sabana con el estómago vacío y divisa un arbusto con bayas rojas. No existen apps para escanear etiquetas ni recomendaciones en Paleo-Insta; solo cuenta con su instinto y su lengua. Muerde una baya, siente un chispazo insoportablemente amargor, escupe con asco y sobrevive un día más (también utilizaban animales cuando había: si el animal moría, pues ya sabían).

Hidalgo ¡Tiene algo!

Hoy, tú usas ese mismo mecanismo para mirar con desprecio un plato de coles de Bruselas.

Hidalgo ¡Tiene algo!

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