El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, lleva una contabilidad pública diaria y detallada. No se trata de pesos o dólares, de ingresos o gastos, de activos o pasivos de un Estado que enfrenta un abultado déficit fiscal. Tampoco se trata de las familias damnificadas por el terremoto del 10 de agosto, los subsidios entregados a ellas o las viviendas por reconstruir.
Se trata, en cambio, de los datos de la suma de las operaciones judiciales, policiales y militares.
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