Quien haya visitado una piscina londinense durante este verano sofocante la habrá encontrado más tranquila de lo esperado. Desde la pandemia de la covid, las instalaciones de natación públicas de la ciudad pasaron a exigir reserva con antelación, lo que favorecen a quienes pueden planificar días antes, pagar por adelantado y tener a un adulto que pueda dedicarle la tarde.
Muchos londinenses no superan esa prueba.
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