“La belleza es la moneda de cambio más antigua del mundo”. Escuché esa frase viendo The Beauty, la serie de Ryan Murphy, poco antes de empezar a escribir esta tribuna, y desde entonces no he dejado de pensar en ella. Es rotunda. Es incómoda. Precisamente porque es terriblemente cierta.
Especialmente para las mujeres. A lo largo de la historia, la belleza nos ha abierto puertas, ha determinado nuestro valor social y ha condicionado cómo éramos tratadas, escuchadas o deseadas.
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