El verano azulgrana transitó en dos mundos: el mediático y el discreto. Uno se forjaba en las oficinas del Camp Nou, simbolizado en el intento de fichaje de Julián Alvarez para contentar a una hinchada deseosa de dar el salto en Europa; el otro trabajaba en los despachos de la Ciudad Deportiva, rastreando el mercado a medida de los gustos de Hansi Flick.
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