Una gran manada de vacas vaga alrededor de una granja aparentemente abandonada hasta que desaparecen en lo lejos. Lo visto en pantalla no son más que sombrías imágenes en blanco y negro acompañadas de una atmósfera inhóspita que se refuerzan mutuamente. Esta es una breve descripción de los primeros ocho minutos de una de las consideradas mejores películas de todos los tiempos.
Una secuencia filmada sin un solo corte, la cual es la entrada de presentación al tono de las más de siete horas que siguen. Esto es: Sátántangó.
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