Hace un par de años nadie hubiera asegurado que al término del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador y en pleno periodo de Gobierno de Claudia Sheinbaum la imagen de la frivolidad a nivel nacional sería la del hijo del expresidente que, para colmo, lleva el mismo nombre, pero que ha sido reducido a Andy.
No es que se esperara algo notable del hijo del presidente, pero llevarse la etiqueta de superfluo millonario entregado a la acumulación de dinero a través de negocios poco claros es algo inesperado.
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