DANIEL SIBAJA: EL OPERADOR INCÓMODO DE HIGINIO

*Más allá de la austeridad, enseña su verdadero actuar la 4T

Por Alejandro César Vázquez

La historia de Daniel Andrés Sibaja González es la historia de un funcionario que nunca entendió la austeridad republicana. Rescatado por Higinio Martínez Miranda para ser el Secretario Técnico de la Mesa Directiva del Senado, a las pocas semanas ya provocó un escándalo de primer nivel que exhibe las dos caras del discurso oficial.

El expediente Sibaja no empieza en el Senado. Empieza en el Estado de México, como Secretario de Movilidad del gobierno de Delfina Gómez. Ahí se ganó a pulso el repudio del gremio transportista. Lejos de ser un aliado, Sibaja fue visto como un funcionario soberbio que despreciaba a los trabajadores del volante. En el medio se recuerda cómo se refería a ellos en corto como unos mugrosos torteros, gente que para él no merecía ser escuchada, solo controlada.

Ese desprecio se tradujo en una gestión nula. La movilidad en el Estado de México está colapsada y su administración dejó huella. No hay carretera metropolitana que funcione: la México-Texcoco convertida en estacionamiento, la México-Puebla destrozada, la Vía López Portillo y la Gustavo Baz intransitables, la Toluca-Naucalpan sin mantenimiento. El Mexibús, su obra insignia, heredó retrasos, sobrecostos y alimentadoras que nunca llegaron. Mientras él presumía fotos en eventos, el usuario seguía viajando en unidades chatarra, inseguras y sin regulación.

La explicación de ese desastre está en la forma en que operó. Cerró la puerta a las organizaciones históricas de transportistas y la abrió a pseudo dirigentes, a líderes de papel sin un solo camión, pero con gran capacidad de movilización política. Con ellos se hicieron los famosos chupos: acuerdos en lo oscurito para repartir bases, tolerar invasión de derroteros, entregar concesiones y placas a cambio de acarreos y de respaldo para su grupo político. La movilidad no era un tema técnico, era una caja de negociación política.

Nada de esto se entiende sin su padrino político nacional, Marcelo Ebrard. La cercanía de Sibaja con Ebrard es pública y notoria. En los círculos de poder del Edomex se presume que bajo ese paraguas se concretaron muchos negocios importantes durante el gobierno del Estado de México, desde estructuras de operación hasta asesorías y colocación de operadores. Ebrard necesitaba el control de Texcoco y del oriente mexiquense, y Sibaja era su pieza. Esa alianza le dio proyección nacional, pero también lo convirtió en un personaje cuestionado por conflicto de interés.

El primer gran escándalo que lo sacó de Movilidad fue su fastuosa boda, un evento de lujo extremo exhibido en redes sociales que contrastaba de forma insultante con el discurso de austeridad y con el salario de un secretario. La incongruencia fue tal que la gobernadora Delfina Gómez no tuvo más opción que cesarlo para contener el daño.

Higinio Martínez Miranda lo rescató y lo llevó al Senado pensando que sería su operador fino. Se equivocó. A las pocas semanas, Sibaja decidió por cuenta propia, según la propia versión de Higinio, enviar un oficio al Secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, solicitando el Salón de Protocolo del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México para los 128 senadores, como si fueran diplomáticos con derecho a salas VIP.

El hecho ocurrió justo después del escándalo de la senadora Malú Micher queriendo entrar a la fuerza a salas VIP de Aeroméxico. La solicitud de Sibaja cayó como una bomba. Fue exhibido por la senadora priista Claudia Anaya, quien denunció que usaron su nombre sin autorización. El propio Higinio tuvo que salir a desmentirlo y calificarlo como un error garrafal, con faltas de ortografía y nombres mal escritos, un documento improvisado que buscaba privilegios frívolos.

Hoy, el costo lo paga Higinio Martínez Miranda. El senador mexiquense pretende poner gran parte de su baraja política en las próximas elecciones para diputados y presidentes municipales, principalmente en el Estado de México. Quiere mantener el control de su bastión y expandirlo, pero su operador estrella se ha convertido en un lastre que contamina la marca de la 4T.

Los reportajes que se han acumulado en contra de su forma de ser, su soberbia, su cercanía con pseudo líderes y sus negocios a la sombra de Ebrard, confirman que no es un caso aislado. Es un estilo de operar. Por eso, en los pasillos del Senado, la sentencia es unánime: están los días contados de Daniel Sibaja.



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