A mediados de los años noventa, cuando aún era un chavalín, volé desde Barcelona al aeropuerto de Londres-Heathrow sentado en la cabina de mando de un avión de Iberia. El comandante, que estaba en la puerta dando la bienvenida al pasaje, me invitó a pasar. Dentro estaba el copiloto, que me recibió ofreciéndome un cigarrillo, que rechacé. Hice todo el vuelo sentado en el trans
portín de la cabina de mando y solo salí para comer.Aquel viaje me marcó para siempre, y probablemente explica a qué dedico mi investigación hoy. Pero
Fuente: El Economista (Paros). Nota agregada; el texto completo está en el medio original.
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