El Desfile de Muertos proyecta la cartonería mexicana al mundo

Han pasado 36 años desde la fundación del Taller de Plástica El Volador. Son ya tres décadas y un lustro de este gabinete de maravillas oculto detrás de una barda oscura en la calle 26 de Enero de 1857, en la colonia Leyes de Reforma, en Iztapalapa. De allí vienen esos sonidos de rehilete, martillo y azotes de metales, junto con otros rumores propios de un espacio donde cualquiera pensaría que se construye algo más rutinario o gris de lo que en realidad se está gestando.

Sin embargo, al interior está naciendo una mujer gigante de origen purépecha, ataviada con largos mechones trenzados con un listón, como si caminara entre las aguas de la región lacustre de Michoacán, famosa por su romance con el agua y la pesca, su interminable diversidad gastronómica y su relación afectiva con la muerte.

Se llama Male Betulia y lleva un rebozo azul que le cae por la espalda y se apoya sobre sus antebrazos, los cuales sostienen un cráneo humano coronado con flores.

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