El primer coche con habitáculo cerrado de la historia fue el Cadillac Osceola de 1905, un invento de Henry Leland pensado para que la gente dejara de llegar empapada a sus destinos. Desde esa época remota, el medallón trasero evolucionó para soportar la torsión del chasis, aislar el frío, eliminar la escarcha mediante finas resistencias térmicas y esconder antenas o sensores de proximidad.
Mercedes-Benz considera obsoleta esa modesta función y planea transformar toda la pieza en un panel de mensajes pixelado llamado Digital Displays. La tecnología oculta diminutos diodos LED dentro del propio grosor del vidrio, manteniéndolos totalmente apagados e invisibles mientras circulas para no estorbar la visibilidad hacia atrás. Su despertar ocurre exclusivamente cuando detectan una emergencia o una tontería ajena en el camino.
El repertorio incluye advertencias tan necesarias como un icono gigante de faros cruzados por una línea roja para reclamar al que te ciega con las luces altas desde atrás.
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