El País de las Trampas

Por Horacio Rivera

La UNAM se vio obligada a suspender temporalmente los trámites de inscripción para sus distintas carreras. Ello debido a que se presume que varios de quienes presentaron el examen de admisión -de manera virtual- hicieron trampa. Pero en un país donde la presidenta reprende airadamente a un funcionario por cumplir con las normas; donde los ministros de la Suprema Corte plagian tesis y los fiscales consiguen un título universitario en 24 horas, no sorprende que sus estudiantes desprecien la dedicación y el esfuerzo

Imaginemos a un chavillo o a una chavilla de secundaria. Alguien que sabe que aunque no asista a clases, basta con que tenga seis de promedio y menos de cinco materias reprobadas, para que pase al siguiente grado. Es ese mismo chavito que se pasa todo el día escuchando, en el celular, canciones y corridos en cuyas letras se celebran las hazañas y los excesos de los narcos, como si se tratara de héroes. Además del TikTok o el Instagram, ese chavito de secundaria también se chuta en su teléfono una que otra noticia. Podría ser un meme con el escándalo de la ministra de la Suprema Corte de Justicia, Yasmín Esquivel, a quien se le señaló por plagiar, tanto su tesis de licenciatura como su tesis de doctorado. Aunque se comprobó que efectivamente se trató de un plagio, a la ministra no se le tocó ni con el pétalo de una rosa. En pocas palabras, sus chapuzas no recibieron ningún castigo. 

Luego de los enjuagues de la ministra, nuestro alumno de secundaria continúa scrolleando su celular y se entera entonces de otro escándalo, cuyo protagonista es Ulises Lara, el ahora ex fiscal de Asuntos Relevantes de la FGR. El muchacho se queda con el ojo cuadrado cuando se entera de que Ulises -al parecer un hombre con un coeficiente intelectual extraordinario- obtuvo su licenciatura en derecho y su cédula profesional en un tiempo récord de 24 horas en una universidad fantasma, llamada Cúspide. La mayoría de los mortales tardan cuatro o cinco años en hacerse de un título en derecho, pero por lo que se ve Ulises es una auténtica máquina. Por supuesto tampoco hubo un castigo o siquiera una investigación oficial respecto a los increíbles logros académicos del tremendo Ulises. Al contrario, lo del título express le sirvió para poder asumir la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México en enero de 2024, tras la salida de Ernestina Godoy.

El chavito de secundaria ya se empieza a entusiasmar. Todos esos sermones que le han tirado los adultos sobre de la ética y la honorabilidad y la honradez son patrañas pequeñoburguesas. Porque en el México bronco las cosas siempre se pueden resolver sin tanto batallar. No es necesario dedicarle tanto tiempo ni esfuerzo. Pero ahí o acaban los asombros del chavillo de secundaria. A la vuelta de unos cuantos scrolls, aparece en su celular una escena que nos recuerda a aquel “Al diablo las instituciones”, lanzado por López Obrador cuando perdió las elecciones frente a Felipe Calderón en 2006. En la escena que se reproduce en el teléfono, la protagonista es la presidenta Sheinbaum, quien reprende al titular de la Comisión de Áreas Protegidas y le exige airadamente: “¡no cumplas con la norma!”

El ejemplo 

Luego de ver tales ejemplos, ¿qué podía pensar el chavito de secundaria? Tal vez lo primero que le vendría a la cabeza es que en México, hacer trampas, es la mejor forma de resolver cualquier problema por pequeño o grande que sea. Ya visto así, es perfectamente comprensible que cuando ese chavillo se vea obligado a presentar un examen para matricularse en la universidad, recurra a la chapuza en caso de darse las condiciones propicias. Tal y como ocurrió en el examen de la UNAM, el cual fue realizado de forma virtual. Si los que gobiernan mienten y se abanican el calor con la ley, y nadie les pide cuentas, ¿por qué un ciudadano de a pie no podría hacerlo? ¿A caso tienen más derecho unos que otros? Cómo exigir a un chavo que piense de otra manera cuando ese mismo chavo ve que en la mañanera de Palacio, el invitado de lujo de la presidenta Sheinbaum es el Bogueto, un ratero confeso, oriundo de Ciudad Nezahualcóyotl, que de pronto se convirtió en figura del rap chacalón.

Dentro del intrincado laberinto de las redes sociales ha comenzado a circular un video que muestra a una adolescente hablándole a la cámara de su teléfono celular. Cosa que no tendría nada de raro, excepto porque la chica felicita a todos los que hicieron trampa para aprobar el examen de ingreso de la UNAM. Y luego se justifica agregando que como en México la educación es “gratuita y para todos”, carecen de importancia los métodos que se usen para acceder a esa educación. Incluso hacer trampa. ¿Y los que sí estudiaron y se esforzaron para aprobar el examen a la buena? ¿No es un insulto y una decepción para ellos? Nos hemos convertido en una sociedad que celebra a los mediocres y desdeña a los que se esfuerzan, que premia la lealtad antes que la capacidad. Con la entrada en vigor del plan de la SEP para prohibir el uso de teléfonos celulares en las escuelas, habría que preguntarse qué trampas estarían dispuestos a hacer los estudiantes con tal de no perder el acceso al teléfono y a las redes sociales. No faltará algún canijo que, por debajo del agua, se dedique a rentar su Samsung o su IPod a aquellos que tengan dinero, o cualquier otra cosa, para pagar. Tampoco habría que asustarse, si de pronto descubrimos que un profesor, o varios, se han dejado sobornar por sus alumnos a cambio de permitirles usar el teléfono a la hora del descanso. Esos chavitos no tardarán mucho en darse cuenta de que en México no tiene ningún caso hacer trampas fuera de la ley, siendo tan cómodo hacerlas dentro de ella.



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