El Tiempo se Acaba

Por Horacio Rivera

Ante las embestidas de los gringos contra los narcopolíticos mexicanos, la estrategia de la presidenta Sheinbaum ha sido ganar tiempo. Pero el tiempo se acaba. Las elecciones intermedias en Estados Unidos se aproximan y Trump hará todo para que gane el Partido Republicano. Su futuro depende de eso

Luego de que los gringos se llevaron a Mayo Zambada, en aquel mes de junio de 2024, la reacción de la presidenta fue exigir que le enviaran una explicación de por qué habían atorado al Mayo. Por supuesto la explicación jamás llegó, sin embargo los dimes y diretes entre los dos gobiernos le dieron tiempo a la presidenta para apaciguar, en lo posible, la tormenta política y mediática que se desató. Mal que bien, libró la bronca. Y sobre todo logró lavarle la cara al ex presidente López Obrador. Sería la primera vez de muchas tantas por venir. Aparecerían escándalos como el de “La Barredora” en Tabasco o el huachicoleo en Tamaulipas. La estrategia fue la misma, hacerse de la vista gorda durante un tiempo, mientras pasaba lo peor. En el momento en que las presiones se tornaron insufribles, el gobierno recurrió a la estrategia de sacar a decenas de narcos, presos en las cárceles mexicanas, y los envió a Estados Unidos para que fueran juzgados. Con eso y algunos operativos efectuados contra la maña se volvió a apaciguar al “monstruo”. 

Sin embargo, en cada nuevo escándalo, mantener al “monstruo” en relativa calma requería un mayor esfuerzo. Hasta que un día los gringos ya no se conformaron con los mañosos que les enviaban desde las cárceles mexicanas. Ya no querían narcos, ahora buscaban a los socios de los narcos. La cabeza del gobernador con licencia, Rocha Moya fue la primera en caer. Y según los propios dichos de los gringos faltan muchas más. Las cuales parece que comenzarán a rodar con inusitada rapidez, pues las elecciones intermedias en Estados Unidos están a meses de ocurrir. Hoy, como nunca, Trump está urgido de obtener alguna victoria. Algo que convenza al pueblo gringo de votar por el partido republicano en la elección de noviembre, toda vez que al propio Trump muchas cosas le han salido mal, como su guerra contra Irán o su oscura relación con el empresario judío y pedófilo Jeffrey Epstein. El presidente gringo sabe que en México esa victoria, que tanto le urge, estaría asegurada. Y no va a dejar ir la oportunidad. Su guerra contra el narco mexicano podría ser su tabla de salvación. 

Y es en esta posibilidad donde la presidenta Sheibaum tiene su mayor fortaleza para ganar tiempo. Sí, pero no sería gratis. La presidenta tendría que sacrificar a uno de sus alfiles. En efecto, tendría que detener provisionalmente a Rocha. Con ello el gobierno mexicano contaría con sesenta días, no para probar la inocencia del gober, sino para resolver si concede o no la extradición solicitada. Por lo menos Sheinbaum obtendría tiempo para hallar alguna salida al broncón que ya tiene encima. Claro que, conociendo cómo se las gasta la 4T, no sería extraño que alguno de sus brillantes ideólogos, o la propia presidenta, terminara sugiriendo que sea el pueblo bueno y justo quien juzgue a Rocha. Sí, suena a un disparate. ¿No fue un disparate proponer, que debido al Mundial y al calor, las vacaciones escolares de verano se prolonguen durante tres meses? Nada está escrito. Cualquier cosa puede pasar, por inverosímil que parezca.

El desaparecido

A un poco más de una semana de que dejó el encargo como gobernador de Sinaloa, Rocha nomás no aparece. Se sabe que el sábado pasado personas armadas balearon su casa. Pero poco más. Por supuesto, ante la falta de información precisa por parte del gobierno estatal y del gobierno federal han surgido todo tipo de especulaciones. Se dice que lo tienen dentro de alguna instalación militar, resguardado celosamente, como si fuera la joya de la corona. Puede ser, hoy Rocha es la puerta de entrada a los secretos más oscuros de mucha gente poderosa. Algunos otros especulan que ya se encuentra en Estados Unidos en calidad de testigo cooperante. Eso suena menos factible, aunque cualquier abogado le diría a su cliente, que sí ya tiene a los gringos encima, una posibilidad de no salir tan raspado, sería apersonarse en la frontera y negociar. Otros ya lo han hecho. Hay casos en los que más vale estar al principio que ser de los últimos. Y es que los primeros, dada la enorme cantidad de información privilegiada con la que cuentan, tienen más posibilidades de llegar a un “acuerdo razonable” con los gringos, que aquellos que están al final de la lista negra. ¿Qué podrían decir éstos que no hayan dicho los primeros? 

¿Soberanía?

Bien haría la presidenta en aceptar el hecho de que sin importar cuántas maromas hagan ella o el “movimiento”, los gringos difícilmente desistirán en su intento de presentar a Rocha Moya ante la Corte del Distrito Sur de Manhattan. Ya lo dijeron la semana pasada, si México no hace el trabajo, alguien lo tiene que hacer. Ese rollo de la defensa soberanía y de la intervención extranjera es difícil que tenga en la gente el efecto que imagina el gobierno. Es tan abstracto el concepto en sí mismo y, está tan manoseado, que habría que preguntarle a cada mexicano qué cosa entiende por soberanía. Tal vez nos sorprenderíamos. Lo que no se puede poner en duda es que cualquiera que se haya visto obligado a cerrar su changarro por las extorsiones o, que haya tenido que enterrar a un pariente caído en medio del fuego cruzado, vería con enorme simpatía y agradecimiento que alguien combatiera a quienes le han hecho la vida imposible. Qué más da que la ayuda viniera de los gringos, de los coreanos o de los marcianos. La soberanía es lo de menos. Después de todo, la soberanía no levanta negocios quebrados ni tampoco revive a los difuntos.



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