En 1971, un astronauta llevó 500 semillas a la Luna. Medio siglo después son árboles gigantescos repartidos por todo el mundo

Durante los preparativos de la misión Apollo 14 en 1971, la NASA aprobó una carga insólita que nada tenía que ver con instrumental geológico ni sensores de última tecnología: cientos de semillas forestales viajaron al espacio. Aquel cargamento dio 34 giros a la Luna y sobrevivió a un percance que estuvo a punto de arruinarlo todo tras regresar a la Tierra. Hoy, más de 50 años después, ese puñado vegetal dio origen a monumentales ejemplares distribuidos en distintos rincones del planeta.

Un tributo forestal en órbita lunar. El experimento surgió de un acuerdo de colaboración entre la agencia espacial estadounidense y el Servicio Forestal de Estados Unidos (USFS). La clave estuvo en el astronauta Stuart Roosa, asignado como piloto del módulo de mando del Apollo 14. En sus años de juventud, Roosa había sido smokejumper, combatiente forestal que saltaba en paracaídas directamente en zonas remotas bajo fuego.

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