Yo ví más gente ahí, pero me fijé en particular en tres empleados que, como en una coreografía, cada uno en su mesa, tomaban un pedazo de cobre del tamaño de un dedo, lo doblaban por la mitad a 90 grados y luego lo deposi
taban en una vasija. Una y otra vez.Presencié la monotonía del ejercicio y escuché que alguien me dijo que podían ser partes para medidores eléctricos. Ocurri
ó en un municipio llamado Umán, poco conocido fuera de Yucatán.No lucía muy atractivo el modelo de negocio en ese momento.
Fuente: El Economista (Paros). Nota agregada; el texto completo está en el medio original.
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