Lo que ha sucedido este verano en Ceuta, donde cerca de 80.000 personas cruzaron irregularmente a la ciudad autónoma, es un hecho extraordinario por el número de inmigrantes, porque más de un mes después miles de ellos siguen en una inaceptable situación de precariedad en las calles y playas ceutíes, y por el efecto para la tranquilidad y la convivencia en este territorio que Marruecos reivindica como suyo.
Pero este episodio en nada resulta una anomalía en el contexto internacional actual.
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