
Si aún no han visto Furious (Disney+), el atípico y revolucionario thriller más hard-boiled que policial que protagoniza Emmy Rossum (la portentosa Fiona Gallagher del clásico Shameless, una de las series imprescindibles de principios de este siglo), probablemente no se imaginen hasta qué punto el mundo podría ser distinto si, durante años, se estrenasen únicamente noirs con su exacta estructura. Más bien, su orden de personajes. Su definitivo giro al tópico de la chica muerta —la chica víctima— y el hombre poderoso al que únicamente poder temer. Les daré una pista. El primer fotograma de la serie es un hombre arrastrándose. Pidiendo auxilio. Agoniza. Va a morirse. ¿Y saben qué? Hay una chica menuda con él, y es cruel y da miedo y no tiene una pizca de empatía. El miedo ha cambiado de bando, ¿y cómo lo ha hecho?

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