Nadie lo duda: el streaming llegó para cambiar el mundo del espectáculo. Y hacerlo, demostrando que la cultura pop puede democratizarse y hacerse más accesible. Todo, teniendo como mayor ventaja la accesibilidad inmediata y la comodidad. A diferencia de los formatos físicos o las descargas tradicionales, las plataformas han demostrado un principio básico. A saber: que personalizar la experiencia cinematográfica y televisiva puede ser el punto central de una revolución a todo nivel.
Algo que ha ocurrido a lo largo de la última década. Los servicios por suscripción permiten no solo una multiplicidad de opciones que para las salas del cine o el cable son impensables. También, convertirse en una vitrina para todo tipo de producciones que, de otra forma, jamás encontrarían un nuevo público. Lo cierto es que el streaming demostró la capacidad de internet para desaparecer distancias y llevar la cultura a todas partes.
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