La noche del 20 de noviembre de 2017, Ian Russell estaba viendo la televisión con su familia después de haber pasado un día normal en su vida normal. Cuando todos se fueron a dormir, el padre hizo lo que hacía siempre: se aseguró de que las puertas y ventanas de su casa en Harrow, al noroeste de Londres, estuvieran bien cerradas, que todo estuviera tranquilo. Así creía proteger a sus hijas, que dormían en sus cuartos. Al día siguiente apareció el cadáver de Molly, de 14 años, que se acababa
Fuente: El Pais (Paros). Nota agregada; el texto completo está en el medio original.
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