La Alcaldía Inconquistable

Por Horacio Rivera

A la usanza de la vieja escuela priista, Citlalli Hernández, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, se autodestapó como candidata de su partido para competir por la alcaldía Cuauhtémoc en la CDMX. Haría bien Citlalli en pensar dos veces su candidatura; sus ambiciones podrían llevarla a sufrir un duro revés en su carrera política

Mal comienza el debut de Citlalli como candidata a alcaldesa. Digamos que aprovechó su puesto como mandamás de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, para designarse a sí misma como la candidata de izquierda que buscará recuperar para el morenismo la alcaldía Cuauhtémoc, sin duda una de las joyas de la corona de la Ciudad de México. En la Cuauhtémoc está el dinero, la fama y la maña. Se suponía que el candidato de morena sería el diputado Arturo Ávila, el hoy célebre “cero votos”. Pero poco le duró la ambición; sorpresivamente Ávila se bajó de la contienda (o lo bajaron). Y siempre caballeroso, le cedió la candidatura a Citlalli. Amor con amor se paga, solía decir López Obrador, el “humanista”. No queda claro si hubo o no encuesta para para definir quién sería el candidato. Hay quien dice que sí la hubo y que el nombre de Citlalli ni siquiera se incluyó en la presunta encuesta. En tal caso, quien quiera que la haya ganado se quedó con las ganas. Porque Clitlalli, en contubernio con Ariadna Montiel, presidenta de Morena, se habrían agandallado la candidatura. Pero eso no garantiza que vayan a llevarse la elección. En la Cuauhtémoc el voto es caro.

Si Citlalli cree que hacer campaña y recorrer territorio en la Cuauhtémoc va a ser un día de campo, puede que esté cometiendo un error. Alessandra Rojo de la Vega, la actual alcaldesa, goza de popularidad y aceptación. Algunas encuestas dicen que 65% de los habitantes de la Cuauhtémoc aprueban su gestión. Puede gustar o no, pero lo cierto es que Rojo de la Vega no lo ha hecho tan mal en la Cuauhtémoc, si se toma en cuenta el cochinero que le dejaron quienes la precedieron. Al menos se percibe como una alcaldía más segura que en otros tiempos. También es cierto que Rojo de la Vega ha sabido usar el poder de las redes sociales y del marketing para posicionarse como una política que recorre el territorio y trabaja por la gente. No son pocas las fotos e imágenes de video en las que se la ve al frente de redadas y decomisos en algunas de las zonas más calientes de la alcaldía, en actitud peliculesca con el rostro crispado y la voz quebrada, mirando a la cámara del celular para decirnos que unos ambulantes se la quieren madrear. En la política la percepción mata a la realidad. Con ese posicionamiento de mujer bragada, Rojo de la Vega podría competir, con muchas posibilidades de ganar, por la jefatura de gobierno de la Ciudad de México. Y eso es algo que pone muy nerviosa a la cúpula morenista, que sabe que perder la Ciudad de México sería un golpe durísimo.

El poder de la imagen

Como candidata, Citlalli deberá trabajar en muchas cosas; su imagen personal es una de ellas. Una imagen que hoy luce descuidada, tanto en su aspecto físico como en su vestimenta. En ese sentido, su contrincante le lleva una enorme ventaja. Rojo de la Vega no sólo es atractiva, el prototipo de la mujer fitness y empoderada, que además viste con ropas caras y joyas. Una mujer “totalmente Palacio”. Mientras que Citlalli está excedida de peso y se viste como alguien que no gana más de un salario mínimo. El contraste entre una y otra es grande. El argumento puede parecer clasista, frívolo, pero en una alcaldía donde predomina la clase media y la clase media alta aspiracional, en la que un buen porcentaje de sus habitantes (alrededor de 40%) cuenta con estudios universitarios, esas cosas cobran una enorme importancia a la hora de votar.

Pónganme donde hay

Todo indica que el morenismo continúa empecinado en proponer candidatos que lo único que buscan es seguir teniendo hueso en el gobierno. A Citlalli le da lo mismo ser postulada como candidata para dirigir la alcaldía Cuauhtémoc, que como candidata a gobernadora o a presidenta municipal. Muestra de su pragmatismo es la reciente entrevista que le hizo un personaje que se autodenomina “El Chapucero”, uno de los principales propagandistas del morenismo en las redes. En la entrevista el susodicho le cuestionó si se lanzaría como candidata para gobernar la alcaldía Cuauhtémoc. A lo que Citlalli contestó, muy segura, que ella va a estar donde la necesite el partido. En efecto. Lo que importa es el partido. La experiencia y el conocimiento valen para un carajo. Y es cuando cualquiera se pregunta: ¿alguna vez Citlalli ha desempeñado un cargo en el que la habilidad para administrar los bienes públicos importan mucho más que la grilla? ¿Qué sabe ella de la administración pública? ¿Conoce los problemas de la alcaldía que pretende gobernar tan bien como los conoce su contrincante político? ¿Ha vivido en la alcaldía Cuauhtémoc? 

Quizá sea la ambición personal, quizá sean las presiones de su propio partido, pero la competencia a la que Citalli ha decidido entrar, podría complicarse mucho más de lo que se imagina. Sería un golpe muy duro para su carrera competir y perder. Citlalli y su equipo de campaña deberían comprender  que en una alcaldía como la Cuauhtémoc la gente no se conforma solamente con los Programas del Bienestar. Por lo pronto por algunas calles han comenzado a aparecer pintas con las letras “CH” (Citlalli Hernández) dentro de un corazón rojo, acompañadas de un diseño inspirado en el Chapulín Colorado y la frase “nos une”. No sería raro que la candidatura de Citlalli, lejos de ser un trampolín político para saltar hacia las grandes ligas del poder, se convierta en un mar de agua turbia muy difícil de navegar.



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