La Bomba de TV Azteca

Por Horacio Rivera

TV Azteca, fiel a su vocación de fabricar culebrones televisivos, dio en Suiza con el paradero de Jorge Amílcar Olán, mejor conocido como el presta nombres y socio de Andy López Beltrán, el junior de la transformación. El Hallazgo de la televisora tiene el tinte de una declaración de guerra por parte de su dueño, Ricardo Salinas Pliego, contra el gobierno morenista

Esta vez TV Azteca pegó primero. Le invirtió una lanita y mandó a Suiza a uno de sus reporteros estrella, Irving Pineda, para que confirmara el paradero de uno de los hombres más buscados de México. Si no por el gobierno mexicano, sí por los medios y por la opinión pública. Según las palabras del propio reportero, éste estuvo espiando durante más de una semana los pasos de Amílcar y los de su familia. Digamos que realizó un trabajo de inteligencia detallado. Tan detallado, que en las imágenes que Pineda y su camarógrafo obtuvieron de la vida íntima de Amílcar, se ve al susodicho en sospechosa actitud sentado frente a la mesa del comedor, al parecer, inhalando cocaína. Lo que han de costar esas cosas por allá. Pero Amílcar es pudiente. O debería de serlo, luego de todas las chapuzas que se supone hizo al amparo del poder de Andy y del padre de éste. Cierto es que el Amílcar que nos ha mostrado la investigación televisiva es a un Amílcar desaliñado y sin grandes pretensiones. Alguien que dista mucho de llevar la vida de un magnate de telenovela, tipo el ex presidente Peña Nieto, quien desde que dejó el poder se ha dado la gran vida en España.

No. En el caso de Amílcar queda claro que su estancia en Suiza es temporal, un refugio pasajero mientras las cosas se enfrían en México. Cosa que hoy se ve muy lejana. En esa misma entrevista, realizada en Hechos Meridiano de TV Azteca, Pineda aclaró también que se enteró del paradero de Amílcar por una llamada telefónica. Si así fue, obliga a preguntarse quién y por qué se habrá tomado la molestia de delatarlo. Aunque tampoco es que hallan descubierto el hilo negro. En México hasta las piedras sabían que Amílcar se escondía en Suiza. Nada más faltaba que alguien obtuviera la evidencia. Y TV Azteca se apresuró en ser el primero. ¿Por qué? Por muchas razones. Una de ellas es desafiar abiertamente al gobierno de la presidenta Sheimbaum.

Declaración de guerra

Hidalgo ¡Tiene algo!

La balconeada que TV Azteca le puso a Amílcar es una bomba mediática, muy probablemente lanzada con todo cuidado desde el escritorio de Ricardo Salinas Pliego, dueño de la televisora. Es un cañonazo, una declaración de guerra, luego de larga disputa y descalificaciones que el llamado “Tío Richi” ha sostenido con la presidenta Sheinbaum. Salinas Pliego calculó y lanzó el ramalazo cuando nadie se lo esperaba. Mucho menos el gobierno. Todo el show pareciera orquestado con absoluta precisión. Como si se tratara de una campaña muy bien pensada. Casualmente, unas horas después de que la nota de Pineda diera la vuelta en TV abierta y en redes, una reportera de TV Azteca se presentó en la mañanera de la presidenta y le preguntó su opinión. Sheinbaum se quedó descolocada, como si no supiera, o aún no hubiera visto, las imágenes de Amílcar en el autoexilio. Pero el efecto del golpazo no sólo se quedó en el ámbito presidencial, sino que también tuvo un dura respuesta en el gobierno de Donald Trump. El New York Times publicó que hay dos agencias de seguridad gringas que investigan a Andy, el socio y amigo de Amílcar, por sus vínculos con el crimen organizado y el huachicol. Por si a alguien ya se le había olvidado el tema de Andy, ahora el personaje, sin pretenderlo, ha vuelto a aparecer y a desatar la conversación; todo dentro de una agenda nacional que, al menos en esta semana, Salinas Pliego le ha arrebatado al gobierno. Hay debajo de todo el escándalo un mensaje. El mensaje de que a partir de ahora TV Azteca, al igual que lo hacen noticieros como Latinus, se convertirá en una especie de espía mediático, dedicado a observar y escuchar las vidas personales de los machuchones del morenismo. Cada cosa que hagan, cada cosa que digan, será vista por el ojo de una cámara y el escrutinio de algún reportero oculto en quién sabe dónde. No importa dónde se escondan, siempre habrá alguien observándolos. “Hay que traerlos con mecate corto”, solía decir con sarcasmo López Obrador cuando hablaba de la oposición.

Estrategia

Con el bombazo, tanto Salinas Pliego como TV Azteca se han apropiado de la historia de “Amílcar Olán”, igual que si hubieran obtenido gratis el guión y los derechos de una serie televisiva, donde Amílcar es protagonista involuntario de su propia debacle. Así TV Azteca se convierte en una suerte de “franquiciatario mediático político” de uno de los escándalos de corrupción más sonados en los últimos años. Y vaya que hay varios. No sería exagerado suponer que el departamento de ventas de la televisora haya llamando a sus clientes, los anunciantes, para venderles un espacio en los noticieros, donde el plato fuerte es la tragicomedia de “Amílcar Olán”. Sería ingenuo suponer que luego de lo que ha mostrado TV Azteca, Amílcar permanecerá por mucho más tiempo en Suiza. Teniendo dinero se puede ir al fin del mundo si es necesario. Claro, siempre habrá detrás de él unos ojos que miren en silencio y sin levantar sospecha. A vuelta de la esquina está el soplón. Por mucho dinero y amigos poderosos que se tengan, debe ser muy cabrón vivir así. La calle, pacífica y luminosa, en la que se encuentra el domicilio temporal de Amílcar en Suiza está a punto de convertirse en un enjambre de periodistas, reporteros y fotógrafos. Aquellos que ayudaron a que Amílcar huyera de México y se ocultara en un barrio tranquilo, tendrán que buscarle un lugar más apartado y silencioso. Algún dinero evita preocupaciones; mucho, las atrae.

Hidalgo ¡Tiene algo!


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