Por Horacio Rivera
Los demócratas se llevaron el carro completo en la elección del 3 de noviembre. Tal y como se veía venir recuperaron el control de las dos cámaras del Congreso. Con ello el pueblo bueno y sabio le dio un tremendo revés político a Donald Trump. ¿Qué podría esperar el mundo con un presidente gringo en decadencia? ¿Y México, dejará de ser la piñata de Washington?
Al final los demócratas se la cobraron caro al presidente. Ni las promesas de una “América grande” ni la guerra contra Irán, ni las redadas del ICE contra los mexicanos ilegales, fueron suficientes argumentos para que el electorado continuara apoyando al Partido Republicano, el cual perdió la mayoría, tanto en la cámara de Representantes como en el Senado. Eso significa muchas cosas, quizá una de las más graves es que, siendo mayoría, los demócratas podrían impulsar una serie de investigaciones sobre la administración de Donald Trump. Basta imaginar lo que ocurriría si los demócratas comenzaran a investigar los negocios de la familia Trump o que de plano se empecinaran en demostrar la culpabilidad del presidente de las acusaciones que se le han formulado por el caso de Jeffrey Epstein. No hay que olvidar que Trump ha sido señalado de cometer agresión sexual contra una adolescente de 13 años. Eso sin mencionar la acusación de la modelo Stacey Williams, quien declaró que, en un lejano 1993, Epstein la llevó a las oficinas de Trump, donde éste la tocó de manera inapropiada. O sea que si los demócratas le rascan al expediente, podrían hallar infamias y delitos que hasta hoy permanecen impunes. La caída podría ser estrepitosa.
La guerra
Durante su primer periodo como presidente de Estados Unidos (2017-2021), Trump no inició alguna guerra nueva o conflicto bélico a gran escala, como las invasiones a Irak y Afganistán en administraciones anteriores. Sin embargo sí que le dio continuidad a las guerras que ya existían. Además ordenó bombardeos y desplegó fuerzas especiales en distintos países de Oriente Medio y África. Fue en el segundo periodo presidencial de Trump cuando afloró toda su ferocidad e intolerancia. Pero las cosas no salieron como él esperaba. Su guerra contra Irán es una muestra de ello. El régimen iraní resultó mucho más bravo y respondón de lo que se esperaba. Una guerra que, según Trump, duraría unas cuantas semanas, hoy lleva un poco más de ocho meses. De hecho, luego de la derrota del 3 de noviembre, Trump reconoció que la guerra con Irán fue determinante para que los republicanos perdieran la elección. ¿Pero con la llegada de una mayoría demócrata al Congreso la guerra en Oriente Medio podría terminar? Pareciera que sí. Al menos esa fue una de las tantas promesas que los demócratas le hicieron al pueblo gringo, el cual mostró su rechazo al conflicto iraní desde los primeros bombardeos que su ejército lanzó sobre la ciudad de Minab en febrero de este año. Pero eso no significa que la guerra vaya a terminar en automático, pues aunque los demócratas se hayan apoderado del Congreso, no comenzarán a operar hasta enero del año entrante. Mientras tanto Trump tiene lo que le resta del año para hacer de las suyas. Trump continúa siendo presidente y conserva muchas facultades como comandante en jefe. Eso sí, en enero los demócratas podrían ejercer una gran presión sobre la agenda de la guerra. De igual forma podrían limitar el presupuesto destinado a las operaciones militares. ¿Y los iraníes, luego de ver la estrepitosa derrota del partido de Trump en las elecciones intermedias, no estarán pensando radicalizar su posición? Después de todo ya se vio que el gigante no es invencible. Quizá es el momento de retarlo. Habría que preguntarle también al gobierno israelí si aceptaría un acuerdo que implique detener los ataques de los gringos contra Irán. Que los gringos dejen de atacar, no significa que los judíos vayan a hacer lo mismo.
¿Y de este lado qué?
Para muchos, sobre todo para la cúpula morenista, la llegada de los demócratas al Congreso es mucho más que un descalabro a la arrogancia y al autoritarismo de Trump, es la esperanza de que la presión por parte de Washington hacia el gobierno mexicano disminuya. Puede que eso ocurra en ciertos casos. Con un Congreso dominando por los demócratas no sería tan fácil que Trump aplicara aranceles a los productos mexicanos cada vez que se le ocurre. Tal y como lo ha hecho hasta ahora. Respecto a la otra guerra, es decir, la guerra contra el narco mexicano, no pareciera que los gringos vayan a flexibilizar su postura antiterrorista. Menos aun cuando alguien como Marco Rubio, secretario de Estado, se perfila como un posible candidato republicano para buscar la presidencia de Estados Unidos en la elección de 2028. En ese sentido, y luego de todo lo que le han invertido los gringos en tiempo y recursos para “controlar” al gobierno mexicano de izquierda, no les queda más opción que seguir adelante en sus amenazas y presiones. Sean los demócratas mayoría en el Congreso o sean los republicanos, ninguno ve con buenos ojos que sus vecinos del sur comulguen con el socialismo. Además un megalómano consumado, como lo es Trump, no va a dejar el trono sin antes darle una lección al mundo. La lección de que ningún cartel mexicano está por arriba de los gringos. Así que las acusaciones lanzadas sobre el gobierno morenista, en el sentido de que es protector de narcotraficantes, prometen continuar. Personajes como el exgobernador de Sinaloa, Rocha Moya, o Andy López Beltrán, o algún otro impresentable, seguirán siendo señalados por el Departamento de Justicia de tener vínculos con la maña. La pasada elección del 3 de noviembre en Estados Unidos dejó muy claro que la única manera de evitar que un presidente o un gobernador hagan disparates y gobiernen con ocurrencias, es que exista un un Congreso, integrado de forma mayoritaria por partidos opositores, que limiten el poder del Ejecutivo y funcionen como contrapeso de sus decisiones. Y el único que puede hacer que eso ocurra es el pueblo con su voto. Ojalá lo entendiéramos en México.
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