H
ace apenas un lustro, el “face swap” (el intercambio digital de rostros en fotos y vídeos) era un truco de laboratorio reservado a estudios de efectos especiales con presupuestos millonarios o a comunidades de entusiastas dispuestas a pasar horas entrenando modelos en sus propios ordenadores. Hoy, esa misma tecnología cabe en el navegador de un teléfono móvil y se ejecuta en segundos. El salto no es solo técnico, es también cultural. Estamos ante una transformación silenciosa de cómo se produc
e, consume y entiende el con
tenido audiovisual. De Hollywood al smartphone
Fuente: Hipertextual. Nota agregada; el texto completo está en el medio original.
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